Urge una regulación internacional de las monedas virtuales

No solo la CNMV y la ESMA han advertido de los riesgos de las criptomonedas, también lo ha hecho la SEC

La eclosión de las criptomonedas y su vertiginosa popularidad ha hecho saltar alarmas desde muy diversos ámbitos, que advierten de los riesgos derivados de estos nuevos instrumentos. Entre esas advertencias, figura la realizada por la CNMV, que se ha pronunciado en más de una ocasión sobre las monedas virtuales y ha abogado por avanzar hacia un mayor control. Su presidente, Sebastián Albella, reiteró ayer esa necesidad durante su intervención en el VI Foro Anual del Consejero, organizado por El País, IESE y KPMG, al reclamar un endurecimiento de la regulación como fórmula de evitar problemas y disfunciones. Un proyecto que debe tener carácter internacional y que en Europa está liderando la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA) con la colaboración de los supervisores nacionales.

La CNMV diferencia entre las criptomonedas simples, como el bitcoin, y aquellas que pretenden representar derechos similares a los valores negociables. Estas últimas son las que ofrecen un mayor riesgo y deberían, por tanto, ser consideradas como valores negociablesa efectos de cumplir los requisitos que se exigen a estos. No es la primera vez que el supervisor advierte sobre la falta de control con la que operan estas monedas virtuales. El pasado mes de febrero emitió junto al Banco de España una circular en la que recordaba que hasta la fecha ninguna emisión de criptomonedas había sido registrada o autorizada por los organismos supervisores, lo que deja a los inversores que coloquen su dinero en esos activos fuera del cinturón de seguridad de que disponen los productos financieros.

No solo la CNMV y la ESMA han advertido de los riesgos de las monedas virtuales, también lo ha hecho la SEC. De momento, nadie parece querer dar el primer paso de ponerle el cascabel al gato. A falta siquiera de una definición armonizada sobre la naturaleza del bitcoin –si es una divisa, un activo financiero, un activo intangible o un activo digital– no se ha abordado su tratamiento fiscal ni se han establecido directrices comunes para evitar su uso como medio de blanqueo de capitales o fraudes piramidales. Todo ello hace urgente e ineludible abogar por una regulación internacional que limite, en lo posible, tanto el riesgo como activo de inversión como su potencial de uso en operaciones fraudulentas. Lo que se haga en este terreno debe hacerse no solo de forma coordinada en el seno de la eurozona, sino también en cooperación con otros reguladores y supervisores. Ni internet ni las criptomonedas tienen fronteras, conviene no olvidarlo.

 

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