Invertir en busca de los dividendos en la Bolsa más rentable de Europa

Muchas veces la distribución de beneficios no es síntoma de otra cosa que de falta de opciones para reinvertirlos

Las empresas que forman parte del índice selectivo del mercado bursátil español, el Ibex, son las más generosas de Europa en el reparto de dividendos a sus socios, con una rentabilidad anualizada muy cercana al 4%. La fuerte concentración en este grupo de empresas energéticas y bancarias, con vasta tradición de abono de dividendos, es determinante para mantener este lugar privilegiado entre los parqués europeos. Sociedades como Repsol, Endesa, Iberdrola, Naturgy (antes Gas Natural), Santander, BBVA o Telefónica encabezan la rentabilidad proporcionada a los accionistas con el pago del cupón, que se concentra en los meses de diciembre y enero, y en junio y julio.

En los meses de verano las grandes empresas distribuirán unos 7.100 millones de euros (Iberdrola, 1.100; Santander, 1.000; Repsol, 750; Endesa, 722; Naturgy, 670; etcétera). Ello, junto con los desembolsos de finales de ejercicio, se convierte en uno de los objetivos de inversión de millones de particulares, que siempre han primado los pagos regulares a la revalorización de las compañías. Un argumento para invertir que gana fortaleza en momentos en los que las dudas del mercado ajustan las cotizaciones, como este año con el temor a una crisis primero y la guerra comercial desatada por Trump después, que salvará el primer semestre con un descenso del entorno del 3%, tras haber superado la renta variable 2017 también con un muy pobre desempeño.

La inversión basada en el cobro de dividendos, la más conservadora de cuantas apuestan por las empresas cotizadas, debe guiarse siempre también por un análisis de cada compañía. En tal análisis deben valorarse cuestiones tales como un balance saneado, sin deuda, en un negocio con ingresos recurrentes, en un mercado con cierto nivel oligopolístico por la existencia de elevadas barreras de entrada, y un historial de pago a sus socios de al menos una decena de años, y a ser posible con cifras crecientes.

Muchas veces la distribución de beneficios no es síntoma de otra cosa que de falta de opciones para reinvertirlos. Pero mientras exista un voluminoso nicho de inversores que buscan la remuneración regular a sus apuestas inversoras, las empresas deben compatibilizar sus inversiones con sus dividendos.

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