El reto de avanzar hacia una unión bancaria que fortalezca Europa

Tras un bloqueo que ha durado tres años, la eurozona parece lista para dar pasos concretos que permitan completar este capítulo

Europa avanza, poco a poco y entre tiras y aflojas, hacia una unión bancaria que se ha convertido en una verdadera asignatura pendiente de la UE y en una pieza clave para reforzar la unión monetaria y revitalizar la unidad política e institucional. La reunión del Eurogrupo que se celebrará hoy y mañana en Bruselas pondrá sobre la mesa un informe que concluye que la zona euro está ya en condiciones de avanzar hacia esa unión bancaria. Tras un bloqueo que ha durado tres años, liderado principalmente por una Alemania temerosa de tener que compartir la carga de trapos sucios que arrastra parte de la banca del sur del continente, Europa parece lista para dar pasos concretos en este capítulo.

La tesis del Eurogrupo es que el esfuerzo de reestructuración, saneamiento y recapitalización realizado en los últimos años por el sector bancario europeo ha dado frutos visibles en la mayoría de los criterios necesarios para dar luz verde a la unión. Tanto en capital, como en apalancamiento, liquidez y financiación neta estable, la banca europea supera el listón requerido, mientras que ha mejorado ostensiblemente en morosidad y en capital disponible para el caso de resolución. El análisis rebaja con datos las objeciones de los países netamente acreedores de Europa, con Berlín a la cabeza, que reclamaban una clara reducción de las exposiciones deterioradas de las entidades antes de aceptar cualquier mutualización de los riesgos. No en vano, la unión bancaria incluye la creación de un fondo común de garantía de depósitos como tercer pilar del proyecto, una vez centralizada la supervisión financiera, a cargo del BCE, y la intervención de entidades financieras en dificultades, en la Junta Única de Resolución (JUR).

La mejora de la salud financiera de la banca europea no supone que todo el trabajo esté hecho. Además de existir todavía una suerte de mercado secundario de activos deteriorados, la eurozona tiene que pulir heterogeneidades en el tratamiento del riesgo bancario, con diferencias que no siempre responden a criterios objetivos de actividad y mercado, además de vigilar puntos negros, como el que supone el sector financiero italiano, con una elevada y preocupante tasa de morosidad.

Pero nada de ello debería paralizar por más tiempo un proyecto que constituye la consecuencia lógica de la unión monetaria, que justifica el exigente proceso de saneamiento llevado a cabo por el sector, así como la carga regulatoria que se le ha impuesto, y que supone la forma más eficiente de defender la economía europea de cualquier futura tormenta financiera.

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