Invertir en fondos de fondos también exige elaborar una estrategia

La nueva práctica comercial de la banca se ha planteado en parte por las exigencias de la nueva regulación de mercados financieros

La banca comercial ha dirigido históricamente el destino de los flujos del ahorro de los particulares, muchas veces pensando más en los intereses corporativos que en los de la clientela. Si durante la intensa crisis financiera la sequedad de la liquidez les forzó a reorientar los recursos ajenos de los clientes a los depósitos tradicionales, superada la etapa conflictiva volvió a volcar sus esfuerzos en la captura de grandes volúmenes de dinero para cebar las carteras de los fondos, los comercializados por cada banco en particular.

La estrategia respondía a dos consideraciones, como era la necesidad de ofrecer a los particulares algún pequeño margen de rentabilidad que no proporcionaban unos depósitos bajo la dictadura de los tipos de interés en el cero, y, por otra parte, la necesidad de recomponer por la vía de la generación de comisiones los márgenes del negocio.

En los últimos cuatro años los bancos españoles se han concentrado, además de en cebar sus propios fondos de inversión, en explotar los fondos de fondos: ni más ni menos que instrumentos que se venden a los particulares y cuyos activos son participaciones de otros fondos, muchas veces de gestoras externas de poca accesibilidad para los particulares.

En el periodo han logrado que inviertan dinero en este tipo de instrumentos de inversión colectiva más de tres millones de partícipes, y que alojen nada menos que 75.000 millones de euros, casi el 30% de todo el volumen invertido en fondos, frente al 8% de hace cuatro años. La nueva práctica comercial de la banca se ha planteado en parte por las exigencias de la nueva regulación de mercados financieros, y en parte para diluir, en la medida de lo posible, el riesgo para los inversores, ya que las posibles pérdidas coyunturales de un activo o la mala gestión de un gestor, puede ser compensada por las ganancias de otro fondo con activos más rentables o con el éxito de un buen gestor.

En todo caso, y pese al mestizaje utilizado en la selección de los fondos para crear el producto mixto equilibrado, las rentabilidades no son las mejores del mundo, pues dos de los instrumentos que más dinero han captado de los particulares tienen desempeños francamente muy pobres. Por tanto, antes de apostar por un fondo de fondos, con el mismo criterio que un particular selecciona una cartera de acciones, debe analizar en detalle que activos tienen bajo gestión los fondos que conforman el producto que le ofrecen, y guiarse por el criterio que haya seguido siempre, ya se trate de fondos de renta fija o variable.

En definitiva, el inversor debe saber qué compra, y con qué riesgo, como cuando adquiere acciones o bonos. Debe ajustar siempre su adquisición a su tolerancia al riesgo, que muchas veces coincidirá con alguno de los fondos, pero que estará alejada de otros.

Normas