¿Algo más que un Gobierno de transición?

Si Sánchez aplica a su política el mismo criterio que a la elección de su gabinete puede consolidarse

Pedro Sánchez junto a Rey, ayer en La Zarzuela, durante la toma de posesión de su Gobierno.
Pedro Sánchez junto a Rey, ayer en La Zarzuela, durante la toma de posesión de su Gobierno.

El ejecutivo del PSOE encabezado por Pedro Sánchez con el respaldo de Unidos Podemos y la inicial confianza otorgada por diversos partidos de izquierdas y centroderecha (PNV) del arco parlamentario debería como mínimo aportar estabilidad y continuidad a España. Desde la transición, nunca hemos vivido al mismo tiempo un cambio abrupto en clave ideológica del ejecutivo y de sus políticas aplicadas o prometidas, la posibilidad de elecciones anticipadas y un desafío independentista permanente en Cataluña. El tirón de Ciudadanos en las encuestas es un estímulo para Sánchez para que las próximas elecciones generales se celebren en 2019 coincidiendo con las municipales y al Parlamento Europeo, o incluso mejor en 2020. Pero la matemática parlamentaria y la heterogeneidad de ideologías y planteamientos políticos de los numerosos partidos que otorgaron su confianza a Pedro Sánchez complica dicho escenario. El respaldo necesario de formaciones que reclaman la independencia de Cataluña (ERC, PDeCat) o con exigencias respecto al proceso de paz en el País Vasco (EH Bildu) para alcanzar la mayoría absoluta en el Congreso han generado la expectativa de que los españoles tendrán que acudir a las urnas la próxima primavera o verano. Desde un punto de vista político, el nuevo ejecutivo es el primero desde la transición generado por una moción de censura y no una victoria electoral. El PSOE cuenta con menos de la mitad de los diputados (84) necesarios para una mayoría absoluta e incluso con los 67 de Unidos Podemos se queda a quince de la mayoría de 176. Los mercados financieros han encajado bien el cambio de gobierno después de una inicial zozobra debida a la posibilidad de nuevas elecciones en Italia y las propuestas anti-europeístas del Movimiento 5 Estrellas y la Liga. Pedro Sánchez se ha comprometido a cumplir los presupuestos aprobados por el Partido Popular y la nueva mayoría parlamentaria no incluye ningún partido hostil hacia la integración europea y el euro. Los mercados saben que el séptimo presidente del gobierno desde la transición no tiene ningún interés en convocar elecciones.

Pedro Sánchez ha acertado en la elección de su gabinete. Está compuesto por personalidades de contrastada experiencia nacional e internacional y conocimientos que proyectan de cara a los mercados y nuestros socios europeos continuidad en relación al desafío independentista catalán, las reivindicaciones vascas y los compromisos asumidos con la Comisión Europea en materia presupuestaria.

Sánchez debe elegir entre una apuesta renovadora, moderada y meritocrática equiparable a los primeros ejecutivos de Felipe González o la opción ideológica ineficiente de los gobiernos de José Luís Zapatero. Los cínicos pronostican que la mayoría absoluta del Partido Popular en el Senado y la difícil gestión de una mayoría parlamentaria dependiente de los partidos independentistas o nacionalistas limitará las políticas de Sánchez a legislación para mejorar en materia de igualdad, género, el retorno a la memoria histórica y una relajación de la disciplina presupuestaria. La actitud de Unidos Podemos será decisiva. Si exige incrementos salariales no razonables, subidas inasumibles del gasto público y marcha atrás en materia laboral, España no continuará reduciendo la tasa de paro, que oficialmente se sitúa en el 16%.

Sánchez tiene una oportunidad histórica para profundizar en la transformación de nuestra economía, sociedad y modelo de crecimiento. Debe acometer una lucha implacable contra la economía sumergida, incrementar las inversiones en I+D+i y mantener la apuesta por un sistema educativo (universitario y FP) que combine meritocracia con igualdad de acceso. Se debe elevar nuestra productividad, simplificando por ejemplo el calendario de festivos mediante la eliminación de los municipales. A finales de 2011 España estaba sumida en la recesión, registraba un déficit público del 8,9%, una tasa de paro superior al 20% y el ejecutivo había perdido la confianza de la sociedad y los mercados. La desagradable medicina administrada por los gobiernos de Mariano Rajoy y el sacrificio de una sociedad que aceptó una devaluación interna nos han convertido en un modelo de estudio de superación de una crisis. Pero los casos de corrupción empañaron dicho progreso y colmaron la paciencia de la sociedad.

Además de una tolerancia cero frente a la corrupción, Sánchez debe además incrementar las inversiones en sectores que aún ocupan a un porcentaje pequeño de la población activa. Ministros cómo Teresa Ribera y Pedro Duque, entre otros, ejemplifican el éxito de la apuesta por la ciencia, la innovación y la lucha contra el cambio climático. El aún elevado desempleo continuará descendiendo si se mantiene la gestión macroeconómica prudente y se promueve la inversión pública y privada en biomedicina, biotecnología, nanotecnología, energías limpias y logística. Un incremento de los impuestos sobre el tabaco y las grandes fortunas puede financiar dichas inversiones.

Se debe limitar la competencia fiscal entre las Comunidades Autónomas, especialmente en el impuesto de sucesiones y de patrimonio. Si Sánchez adopta medidas con un criterio parecido a su elección de gabinete, su Ejecutivo puede ser más que una transición.

Alexandre Muns es Profesor de OBS Business School

 

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