A Fondo

Entre la defensa del clima y la tarifa de la luz

Ecologistas y productores renovables reciben exultantes a la ministra Teresa Ribera

Deberá recomponer los errores de su antecesor en Energía, Álvaro Nadal,

De la defensa del clima a la tarifa eléctrica
Teresa Ribera, ministra de Transición Ecológica.

Las competencias sobre energía han pasado en pocos años de depender de una simple Secretaría General integrada en el Ministerio de Industria (hasta la primera legislatura de Rodríguez Zapatero); de una Secretaría de Estado (en la segunda legisatura de aquel y la primera de Mariano Rajoy) y, finalmente, de un ministerio con nombre propio, que es el que ahora desaparece. En un momento histórico marcado por la lucha contra el cambio climático y la transición hacia una economía libre de emisiones, la fusión entre Energía y Medio Ambiente (quizás bautizado como Ministerio de Transición Ecológica) por la que ha optado Pedro Sánchez ha sido, en general, muy bien recibida.

 Que un área como la energética triunfara sobre las que conformaron durante años el viejo Ministerio de Industria (turismo, comercio, telecos o el propio sector industrial) se debió a que ella sola absorbía la mayor parte del tiempo y la dedicación de los titulares de turno. Un sector altamente regulado, con una normativa endiablada y competencias relevantes aún en manos del Gobierno central, como la fijación de los peajes eléctricos de 29 millones de usuarios.

La imprescindible coordinación entre este departamento (que ha regido durante año y medio el polémico Álvaro Nadal) y el de Medio Ambiente (con Isabel Tejerina al frente), ha llevado al Gobierno socialista de Pedro Sánchez a crear un ministerio del clima para evitar “que se repita el espectáculo penoso de las peleas entre los dos ministros salientes”, señalan gráficamente fuentes del sector. Con Teresa Ribera al frente de la nueva cartera, que también tendrá las competencias sobre el agua, Pedro Sánchez quiere impulsar la que tal vez será la ley más trascendente (por su proyección de futuro) de la actual legislatura: la de Transición Energética y Cambio Climático.

La falta de ideas claras (o simplemente, de ideas); la lucha de poder Nadal-Tejerina y la incoherencia de un ministro de Energía enzarzado en una inexplicable defensa del carbón, han dilatado tanto el proceso que ambos ministros se han marchado a casa sin un simple borrador de proyecto de ley. Hay quien cree (incluso en el propio ministerio) que la creación del grupo de 14 expertos nombrados por las distintas formaciones políticas para elaborar un informe base para la elaboración de la ley era una maniobra dilatoria pues, no en vano, el estudio, entregado a Nadal a principios de abril, duerme en el fondo de algún cajón.

Por el momento, Ribera, reconocida medioambientalista (fue secretaria de Estado de Cambio Climático con Cristina Narbona) ha sido recibida con los brazos abiertos por el sector de las renovables y ecologistas de diferente signo. De carácter y posiciones firmes, independiente y con gran prestigio internacional, en los ámbitos verdes confían plenamente en que Ribera desbloqueará las medidas que tan infructuosamente reclamaron al Gobierno de Rajoy: la eliminación del llamado impuesto al sol (que, por cierto, nunca se ha aplicado por falta de un reglamento) y el cierre de centrales de carbón y nucleares. Amén de mantener la actual rentabilidad de las plantas de renovables en el 7,4%, para lo que deberá tramitar una proposición de ley que modifique la ley del Sector Eléctrico.

Política leal a Pedro Sánchez , formó parte del equipo que elaboró el programa electoral del PSOE en 2014 y engrosa las filas de la influyente facción verde del partido. Ribera, hasta ahora directora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (IDDRI) con sede en París, se enfrenta no obstante al lado más oscuro de la energía, que no es necesariamente el de sus emisiones.

El conflicto de intereses entre ambos ministerios viene de lejos y tutelar su convivencia requerirá de una grand dosis de equilibrio y firmeza. La clave estará en quien designe como secretario de Estado de Energía, una figura a ser posible muy técnica frente al perfil político de la ministra.

Más allá de la transición energética, el departamento de Teresa Ribera deberá recomponer muchos de los errores de su antecesor: el fracaso bono social de la tarifa eléctrica; reconducir el conflicto abierto con la CNMC (las malas relaciones de Nadal con el presidente del organismo supervisor, José María Marín, han sido sonadas); ceder al organismo las competencias que le fueron hurtadas, como las relativas a los peajes de la luz y el gas.

Queda por ver qué margen de maniobra tiene la nueva ministra para reformar el mercado eléctrico, aligerar las tarifas de costes ajenos al sistema o de los impuestos con que el Gobierno de Rajoy gravó a las empresas y los usuarios para frenar el déficit de tarifa. O cómo afronta la herencia envenenada de los arbitrajes internacionales contra el recorte de las renovables que, por el momento, se han saldado con tres laudos condenatorios contra el reino de España y hay que pagar.

Frente a la obstinación de Nadal, a nadie le cabe la menor duda de que la ministra ecologista (también Macron optó por un perfil similar en su Gobierno) defenderá el cierre de las centrales de carbón y las nucleares. En el primer caso, se enfrentará a los compañeros de su propio partido de las cuencas mineras.

A la vista de la pugna a librada por Nadal contra la intención de Endesa e Iberdrola de cerrar las plantas de carbón y, en este último caso, las nucleares, se podría pensar que ahora ministra y eléctricas comparten posiciónes. Sin embargo, como no es la primera vez que las empresas han recurrido a trucos similares para lograr ventajas económicas, la nueva titular de Transición Ecológica no las tiene todas consigio.

 

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