Por un planeta libre de la amenaza del plástico

Cada año llegan a los océanos 13 millones de toneladas.

Este desecho representa ya el 80% de la basura marina.

Por un planeta libre de la amenaza
del plástico

El plástico ha invadido nuestras vidas, un material que por su flexibilidad, durabilidad, ligereza y bajo precio ha pasado en pocas décadas a estar omnipresente en todo tipo de objetos de uso cotidiano, pero también plantea un grave problema medioambiental.

La producción global de plásticos se ha disparado en los últimos 50 años. En poco más de una década, entre 2002 y 2013 ha aumentado un 50%, pasando de 204 millones de toneladas a 299 millones de toneladas y se estima que en 2020, si no se pone remedio, se puede llegar a superar los 500 millones de toneladas anuales, según un informe sobre plásticos en los océanos de la organización ecologista Greenpeace. Los plásticos representan ya el 85% de la basura marina.

Conscientes de que la protección y la mejora del medio humano es una cuestión que nos afecta a todos, las Naciones Unidas designaron el 5 de junio de cada año Día Mundial del Medio Ambiente, una fecha que ha ido ganando relevancia desde que comenzó a celebrarse en 1974 y que hoy se conmemora bajo el lema Un planeta #SinContaminación por plásticos, con India como país anfitrión. António Guterres, secretario general de la ONU, ha lanzado el siguiente mensaje para hoy: “Rechaza el plástico descartable. Si no puedes reusarlo, rehúsalo. Juntos podemos trazar el camino hacia un planeta más limpio y verde”. El objetivo de este año es tomar conciencia de la necesidad de reducir la cantidad de plástico que se vierte en los océanos y que es posible cambiar hábitos para reducir la carga de la contaminación de los plásticos en la naturaleza. Porque no hay la menor duda de que dependemos demasiado del plástico desechable y eso tiene graves consecuencias medioambientales.

Directiva de un solo uso

Cada año terminan en los océanos en torno a 13 millones de toneladas de plásticos. Para afrontar este enorme problema se requiere una respuesta inclusiva, coordinada y global. Por ello, la estrategia comunitaria sobre los plásticos propone que la UE intensifique su trabajo con organismos internacionales y países no europeos. Para Bruselas, este plan es un elemento fundamental de la transición hacia una economía hipocarbónica y circular, y supone un paso adelante hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2030 y del Acuerdo de París.

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Precisamente, la directiva comunitaria de plásticos de un solo uso, aprobada a finales de mayo, va en esa dirección. Platos, vasos, pajitas o cubiertos de plástico desechables tienen los días contados. Bruselas calcula que la nueva directiva reducirá a la mitad el uso de los diez productos de plástico que más contribuyen a la contaminación marina, y estima que evitará un impacto medioambiental que podría suponer un coste de 22.000 millones de euros en 2030. La norma reducirá las emisiones de CO2 en 3,4 millones de toneladas.

Las organizaciones ecologistas celebran la propuesta europea, aunque para Greenpeace “las recomendaciones son demasiado genéricas a nivel cuantitativo y dejan en manos de cada país la cuestión numérica de cuánto se termina reduciendo. Además, el proceso de revisión que se ha establecido para evaluar esta propuesta es demasiado largo, probablemente de seis años”.
Por su parte, Ecoembes, la organización que hace posible que los envases de plástico, latas y briks, cartón y papel tengan una segunda vida, aplaude la apuesta por la innovación de la directiva como herramienta para impulsar la producción de plásticos más sostenibles y como vía para reducir su impacto ambiental.

Por otra parte, el informe Plásticos-situación 2017, elaborado por PlasticsEurope, la asociación europea de fabricantes de materias primas plásticas, muestra una dicotomía en España: somos el segundo país europeo que más plásticos recicla por habitante, pero también el que más residuos de este material envía a los vertederos.

Actuaciones

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Muchas empresas han puesto en marcha actuaciones para reducir el impacto en el medio ambiente de su actividad. Por ejemplo, en EE UU BP ha rediseñado los envases de aceite de motor Castrol para utilizar menos plástico. “El resultado ha sido una reducción de las emisiones de CO2 de 2.000 toneladas al año”, según Enrique González García, portavoz de BP. Y colabora con la petroquímica china Zhuhai 3 para implantar la última tecnología para producir ácido tereftálico, utilizado en la fabricación de telas, pintura, botellas de plástico y otros artículos, que emite un 65% menos de gases de efecto invernadero, respecto a la tecnología convencional.

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