López Obrador será para México más un petardo mojado que un incendiario

El arraigo de la corrupción y la influencia de los cárteles de la droga hacen que sus intenciones parezcan optimistas

Andrés Manuel Lopez Obrador, candidato del partido Morena a la presidencia de México.
Andrés Manuel Lopez Obrador, candidato del partido Morena a la presidencia de México.

En las elecciones presidenciales del 1 de julio, los mexicanos podrían acabar eligiendo más un petardo mojado que a un agitador. El favorito, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), es un populista de izquierdas que ha prometido infraestructuras y gasto social sin aumentar los impuestos o la deuda. Para bien o para mal, es probable que no cumpla las expectativas.

Eso aliviará en parte a los inversores globales que compran el retrato de AMLO que hacen sus rivales, el de alguien en la línea de Nicolás Maduro. Las acciones mexicanas y el peso, que han hecho la goma desde la victoria de Trump, han caído a mínimos de varios meses. Ha contribuido la incertidumbre sobre el país, así como sobre las conversaciones comerciales con EE UU y Canadá.

AMLO, que se ha beneficiado de la retórica antimexicana de Trump, dice que está a favor de la estabilidad macro, la baja inflación y la independencia del banco central, y que los empresarios honrados no tienen nada que temer. Incluso tuvo una reunión “afable” con el CEO de BlackRock, Larry Fink, a principios de mayo, según su equipo. Pero ha criticado la liberalización de la energía por razones nacionalistas, y promueve ideas cuestionables como la imposición de precios más bajos de la gasolina, que recuerdan a la brasileña Dilma Rousseff, más que a Maduro.

En 2016, López Obrador estimó que el impulso potencial a las arcas del Estado de reducir la corrupción y los salarios de los altos funcionarios, incluido él mismo, es de unos 25.000 millones de dólares, el 2% del PIB anual. El arraigo de la corrupción y la influencia de los cárteles de la droga lo hacen parecer optimista.

Así, AMLO podría tener que elegir entre decepcionar a sus partidarios más radicales o aumentar los impuestos o la deuda, enfriando una economía que creció sólo un 1,3% interanual en el primer trimestre. La subida del petróleo podría ayudar, pero no si se apoya en la chirriante Petróleos Mexicanos estatal. Su equipo dice que no cancelará la apertura energética, pero podría ralentizarla. Eso lo convertiría más en un jarro de agua fría que en el incendiario que algunos quisieran y otros temen.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

 

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