La banca pone a prueba su deuda anticrisis con las turbulencias del euro

Los 'cocos' están en niveles de la resaca de la quiebra de Popular

La subordinada de BBVA, Santander y CaixaBank marca máximos de más de un año

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El advenimiento de unas polarizadas elecciones en Italia ha sembrado la desazón esta semana en los mercados, también en los de deuda. Los inversores temen que el no al Gobierno pactado por el Movimiento 5 Estrellas y la Liga Norte convierta esos comicios en un referéndum soterrado sobre la continuidad del euro en el país transalpino y recuerda a las dudas de 2012, entonces con vientos griegos.

Los bancos, los más sensibles al riesgo, llevan inmersos en los últimos años en un proceso para reforzar su capital de máxima calidad. Los reguladores les exigen contar con un colchón al que recurrir en momentos de crisis para evitar así que los Estados vuelvan a verse obligados a rescatar a la banca. Para ello emite diversos tipos de deuda (fundamentalmente cocos y deuda subordinada) que absorban pérdidas, como así ocurrió con la resolución de Popular. Unos títulos de deuda que, si bien pagan un cupón superior a otros con menos riesgo como los bonos sénior, han visto cómo en unas pocas sesiones han disparado la rentabilidad exigida, al tiempo que su precio (que discurre de forma inversamente proporcional) se ha hundido.

Los primeros en sufrir las deudas sobre la viabilidad del euro han sido los bonos obligatoriamente convertibles una vez el capital de calidad caiga de un nivel determinado (cocos, en la jerga). Según el reglamento que la JUR probó con Popular, son los primeros instrumentos en amortizarse después de las acciones, dado que se convierten un unos títulos que valen cero.

De entre los seis bancos del Ibex (Santander, BBVA, CaixaBank, Bankia, Sabadell y Bankinter), el rendimiento exigido por los cocos se eleva a su nivel más alto desde el pasado verano, lo que coincide con la resaca de la resolución de Popular. La rentabilidad de los de Sabadell han pasado del 4% al 7%, mientras que la de BBVA y Bankia se han duplicado en un mes y los de Santander se encaroman al 5%, según datos de Reuters. En el siguiente escalón para enjugar pérdidas está la deuda subordinada. La presión es más relajada en cuanto a los de Bankia y Sabadell, que se elevan a máximos de finales del año pasado. Los tipos de los 1.000 millones colocados por el banco presidido por Gorigolzarri en 2014 pasan del 0,6% al 1,3% en tan solo unas semanas.

En cuanto a los grandes (CaixaBank, BBVA y Santander) el rendimiento alcanza niveles de antes de la crisis de Popular, puesto que la presión sobre estas entidades fue entonces menor. La subordinada de CaixaBank, emitida en febrero de 2017, pasa del 1,5% al 2,5%. Y de los 1.000 millones de BBVA emitidos en febrero de 2017 marcan el 3,2% desde el 2,2%. Finalmente, la rentabilidad exigida a la entidad presidida por Ana Botín roza el 3% por primera vez desde marzo de 2017.

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