Los efectos económicos de un escenario energético adverso

La escalada del crudo abre un horizonte inquietante, especialmente para una economía dependiente como la española

La escalada del petróleo en las últimas semanas rompió ayer la barrera de los 80 dólares por primera vez desde el mes de octubre de 2011, con un repunte que llegó a rondar el 1,5% en la sesión. Esta evolución al alza se explica por un puñado de variables geoestratégicas, entre ellas la reciente decisión de Donald Trump de romper el acuerdo nuclear con Irán y recuperar las sanciones contra el país. Los efectos de la subida del crudo en la estabilidad de los mercados no se han hecho esperar: ha impulsado los tipos de la deuda en EEUU, ha llevado el dólar a máximos de 13 meses frente al euro y ha culminado una nueva jornada de debilidad de la moneda europea.

Un petróleo caro tiene, sin embargo, un potente efecto más allá del mercado, al desbaratar las previsiones macroeconómicas y poner seriamente en peligo un crecimiento calculado sobre la hipótesis de un crudo a una cotización bastante más moderada. Hace unas semanas que España presentó en Bruselas el plan de estabilidad hasta 2021 con unas previsiones sobre crecimiento y empleo construidas sobre un petróleo, a 66,4 dólares el barril de media –un cálculo conservador en aquel momento– que esta subida del crudo en este momento ha descalabrado. El petróleo barato ha sido uno de los mimbres que han actuado de viento de cola de la economía española y europea, junto a los bajos tipos de interés y el crecimiento del comercio internacional, y su encarecimiento puede pasar una factura importante a las previsiones de crecimiento, ya que podría elevar la inflación, deteriorar el saldo exterior, aumentar el déficit público y ser un freno para el empleo y la actividad.

Los cálculos apuntan a que el barril de petróleo podría llegar a los 100 dólares en 2019. Se trata de un escenario inquietante, especialmente para una economía dependiente energéticamente, como es el caso de la española. El Gobierno haría bien en prepararse para una rebaja del crecimiento con medidas que compensen el efecto adverso del precio del crudo y que deberían incluir reformas y estimulos que flexibilicen todavía más la actividad y el mercado.

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