Argentina, entre Christine (Lagarde) y Cristina (Fernández)

El acercamiento de Macri al FMI puede ayudar al país pero dificultar su reelección

Christine Lagarde, directora gerente del FMI, y Mauricio Macri, presidente argentino, el pasado 16 de marzo en Buenos Aires.
Christine Lagarde, directora gerente del FMI, y Mauricio Macri, presidente argentino, el pasado 16 de marzo en Buenos Aires.

La combinación peso volátil+FMI tiene una resonancia especial en Argentina. Ambos aparecieron en la crisis de 2001 por la que dimitió el presidente Fernando de la Rúa. Otras tres personas ocuparon el cargo temporalmente antes de que el Congreso nombrara a Eduardo Duhalde. El trauma de tener cinco presidentes en dos semanas fue acompañado por un incendio económico y financiero. Eso hace que el acercamiento al FMI por parte de Mauricio Macri, el actual presidente, parezca valiente.

Macri ha llamado a la directora gerente, Christine Lagarde, para abrir conversaciones, dijo el martes en un discurso público. Lagarde ofreció su apoyo, aunque sin comprometerse. El presidente sugirió que el respaldo del prestamista internacional actuaría de refuerzo contra las corrientes globales, que parecen estar volviéndose en contra de algunos mercados emergentes, y ayudaría a evitar repetir crisis pasadas.

La semana pasada, Argentina tomó medidas internas para apoyar al peso. El banco central elevó los tipos por tercera vez en poco tiempo, hasta el 40%, y el Gobierno endureció su objetivo de déficit fiscal. Pero el peso y la Bolsa volvieron a caer de nuevo el martes, así que la respuesta fue contactar con el FMI.

Macri, cuyo mandato termina en 2019, está intentando situar las finanzas públicas en una senda sostenible. Eso significa reducir los beneficios y hacer que los argentinos paguen más por cosas como la energía. Esta dolorosa rectitud fiscal es, en términos generales, lo que exige el FMI a cambio de financiación. La disciplina puede ayudar a mantener las reformas y proporcionar alguien de fuera a quien los políticos puedan culpar.

Las dificultades surgen cuando las previsiones no se materializan y la camisa de fuerza del FMI llega a ser vista como parte del problema. Un notable ejemplo reciente es el de Grecia, pero el daño percibido también es bastante reciente en Argentina.

Macri está interviniendo temprano con un antídoto para problemas potenciales. Pero si el FMI se involucra y las cosas no se arreglan, la derrochadora vieja guardia, ejemplificada por la expresidenta Cristina Fernández, espera entre bastidores. En la búsqueda de estabilidad para la economía argentina, puede que Macri esté volviendo sus propias perspectivas de reelección mucho más difíciles.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

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