Apoyar la I+D+i para hacer sostenible el conjunto de la economía

Los sectores que más innovan en sus procesos productivos experimentan mayor crecimiento y aumentan su inversión

La recuperación plena de la economía española y su sostenibilidad en el futuro está ligada a una asignatura pendiente que de momento nadie parece dispuesto a abordar: la elaboración de un nuevo modelo productivo que fortalezca a España frente a los inevitables vaivenes del ciclo económico. Para lograr ese objetivo, resulta imprescindible no solo apostar por la inversión en I+D+i, sino hacerla eficiente y productiva, un capítulo en el que España sigue retrasada respecto a otros países de su entorno. La necesidad de desarrollar una política científica ligada a la I+D+i no constituye en ningún caso un brindis al sol ni una apuesta por lo intangible, sino una estrategia concreta que tiene resultados cuantificables en la economía. No en vano, los sectores que más innovan en sus procesos productivos experimentan mayor crecimiento y aumentan en mayor proporción también su inversión en un ciclo virtuoso que beneficia a toda la economía.

Tras un 2017 en el que la I+D+i ha resultado especialmente maltratada, el Ministerio de Economía ha decidido implementar una batería de medidas para tratar de impulsar un capítulo que no parece estar beneficiándose de la recuperación económica y sigue perdiendo velocidad. La propuesta incluye un aumento del 20% al 30% de la parte no reembolsable de los fondos públicos destinados a impulsar la I+D+i en las empresas y del 75% al 85% de la parte financiable de los proyectos. También se apuesta por la creación de fondos de garantía para asegurar parte de los riesgos de los créditos y por terminar con la elevadísima tasa de temporalidad de los investigadores españoles, que en algunos organismos públicos llega al 90%. También se eliminará, para algunos proyectos, la autorización previa por parte de Hacienda, que en la práctica los ralentiza e incluso congela.

España aporta más del 3% de la producción científica mundial, lo que constituye una cifra destacada. No es la I de la investigación, por tanto, nuestro punto flaco, sino la D de desarrollo –investigación aplicada, es decir, ensayos, prototipos, know how y patentes– así como la i de innovación: el avance tecnológico no la compra de nuevos equipos. No hay duda de que el sector privado debe destinar más recursos a ambas áreas, un objetivo especialmente complejo en un tejido empresarial tan atomizado como el español. Para lograrlo, hay que acompañar a las empresas con una política pública potente y activa, que incentive, financie y facilite la tarea. Una estrategia que vaya más allá de poner parches puntuales y apueste por sentar las bases de un nuevo modelo productivo que se nutra de innovación y eficiencia.

 

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