Un Presupuesto sin más ambición que terminar una legislatura estéril

La pregunta obligada es para qué se quieren agotar los cuatro años

Un Presupuesto sin más ambición que terminar una legislatura estéril

El proyecto de Presupuestos Generales del Estado remitido ayer al Congreso de los Diputados es el paso necesario para que Rajoy pueda continuar la legislatura, incluso completarla, pero es bastante frustrante que ese parezca el único objetivo. Dado que la economía marcha bien (por el viento de cola de reformas hechas en la anterior legislatura y por la política expansiva del BCE), Hacienda ha optado por unas cuentas muy continuistas, sin apenas novedades respecto a las vigentes, que están prorrogadas desde enero, más allá de unos pocos guiños propios de tiempo preelectoral. Porque, sea cual sea la fecha de las siguientes elecciones generales, la próxima primavera vienen comicios locales, autonómicos y europeos, y el PP no ha querido enfrentarse a ese escenario con colectivos tan sensibles como los jubilados o los funcionarios movilizados en protestas.

Que sea un Presupuesto elaborado con miras a las elecciones no significa que sea expansivo. No lo es porque el gasto crece menos que el PIB nominal. Tampoco son restrictivos: la evolución de los ingresos, gracias al crecimiento, permite salir adelante sin nuevos ajustes, y deja margen para alguna alegría, como las revisiones al alza de las pensiones más bajas, de los sueldos públicos, las nuevas fórmulas de cheque-bebé o la rebaja del IVA del cine.

No son unos Presupuestos que vayan a poner en peligro la recuperación de la economía, pero desde luego tampoco van a impulsarla. El problema es que no se dan pasos de ningún tipo hacia las reformas, ni en el terreno fiscal ni en retos tan apremiantes como el futuro de las pensiones o la financiación autonómica, por no hablar de la situación crítica de la I+D o la educación. Por tanto, son unas cuentas públicas que carecen por completo de ambición, como está siendo el signo de una legislatura de parálisis política a causa de la fragmentación del Congreso y la falta de voluntad de consenso de las grandes fuerzas políticas.

Que estos Presupuestos se aprueben depende sobre todo del PNV, que quiere evitar la foto del pacto mientras siga vigente el artículo 155 en Cataluña. Si esto se resuelve en las próximas semanas (porque el independentismo catalán sea capaz de elegir un president dentro de la legalidad), y los nacionalistas vascos levantan el bloqueo, el Gobierno se aseguraría de que en el peor de los casos, si en otoño es imposible otro pacto para el año 2019, estas cuentas podrían prorrogarse en enero hasta agotar la legislatura. La pregunta obligada es para qué se quiere agotar una legislatura que está resultando tan estéril.

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