Trump desencadena una guerra comercial a escala mundial

El presidente anuncia nuevos aranceles al aluminio y el acero

Asegura que las empresas norteamericanas han sufrido "décadas de comercio injusto"

Donald Trump
EFE

Donald Trump ha vuelto a incendiar el mundo desde su cuenta de Twitter. El presidente ha anunciado a través de un mensaje en la red social la imposición de aranceles a la importación de acero y aluminio. Algo que ha sido interpretado en todo el mundo como una llamada a la guerra comercial, de consecuencias económicas imprevistas.

"Nuestras industrias de acero y aluminio (y muchas otras) han sido diezmadas por décadas de comercio injusto y mala política con países de todo el mundo", dijo hoy Trump en su cuenta de Twitter. Este mensaje, unido a las informaciones de que el secretario de Comercio, Wilbur Ross, había convocado a la Casa Blanca hoy a un grupo de directivos de empresas del sector siderúrgico dispararon los rumores de que el anuncio de que Trump implantará estas medidas de forma inminente. El plan de la Casa Blanca pasa por imponer un impuesto del 25% a las importaciones de acero. Y del 10% a las de aluminio.

Todo comenzó con un informe remitido por el Departamento de Comercio a mediados de febrero en el que recomendaba imponer estas tarifas. Este organismo alertaba de las consecuencias de las importaciones de esos productos sobre "la seguridad nacional". Trump tenía hasta abril para pronunciarse al respecto, pero sus declaraciones ante los pesos pesados de la industria estadounidense han disparado los temores.

"Básicamente la mayoría de ustedes van inmediatamente a expandir  (sus operaciones) si les damos un campo de juego equilibrado. Lo que  se ha permitido que pasase durante décadas es una desgracia", dijo el  mandatario a los directivos asistentes. Entre ellos figuraban representantes de grandes conglomerados siderúrgicos como Arcelor Mittal, Nucor o US Steel Corporation.

Esta vez Trump prefirió no citar a ningún país en concreto. Pero el documento del Departamento de Estado ponía el foco sobre China como "gran responsable" del exceso de acero en los mercados internacionales. Otros países  señalados  son  Brasil, la India, Rusia y Corea del Sur.

La primera reacción económica ha llegado desde la Bolsa. Los inversores temen que las consecuencias de estas medidas no se limiten a China, a quien Trump ha puesto en la diana. Sino que dañen la economía a nivel global, así como a la americana.

Pese a que el anuncio ha sido bien acogido por las empresas mineras estadounidenses, pero mal por el resto. Entre las caídas más abultadas en la Bolsa estadounidense destacan algunos de los grandes grupos multinacionales. El fabricante de aviones Boeing cede un 2,6%, las tecnológicas Intel y Apple retroceden más del 1%, tanto como el gigante de la distribución Wallmart. En el lado opuesto, los fabricantes estadounidenses de estos materiales se anotan fuertes ganancias. United States Steel Corporation sube un 2% y Nucor, un 5%. Dos horas antes del cierre, Wall Street se deja cerca del 2%.

No es nuevo, sin embargo, que Donald Trump no ha sido el principal aliado del libre comercio. Ya en la campaña electoral atacaba una otra vez a la industria China, entre otras extranjeras, como los responsables del cierre de factorías en EE UU y el desempleo en el país. Ya pocos días después anunció su disposición a renegociar el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, que firmó con México y Canadá. Y una de sus primeras decisiones fue sacar al país del Tratado Transpacífico, al tiempo que ha paralizado las negociaciones con la Unión Europea por el TTIP.

El mundo ha interpretado el anuncio como un órdago global, no solo a los países citados por la Casa Blanca. Al otro lado del Atlántico, las reacciones no se han hecho esperar. La Asociación alemana del acero ha advertido que la decisión de Trump "viola las reglas de la Organización Mundial del Comercio" y ha llamado a la acción a la UE.

Poco después el presidente de la Comisión Europea, Jean Calude Juncker, ha tildado el proyecto de Trump como " una intervención evidente" para proteger la economía estadounidense sin ninguna relación con la seguridad nacional.

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