Los tipos planos aconsejan a los ahorradores asumir más riesgo e invertir

Además de proporcionar mayor retorno, la inversión capitaliza la economía como no lo hacen los depósitos

La germanización económica de toda Europa que pretende el euro supone disponer de inflaciones modestas de forma estructural y tipos de interés muy bajos y estables. Pero este diseño de la Unión Monetaria a la imagen alemana se ve doblemente reforzado por la aparición de una crisis tan intensa como la experimentada por el continente, que ha forzado al Banco Central Europeo a llevar la expansión monetaria mucho más allá de los deseos rigoristas de la ortodoxia germánica, hasta colocar el precio del dinero en el cero por ciento y ponerlo a disposición de la banca en cantidad sin medida y por tiempo no limitado. Tanto, que los propios ahorradores alemanes presionan a sus autoridades para poner coto a esta práctica del BCE que resta todo atractivo al ahorro tradicional.

Pero en el caso de España la perseverancia en los tipos tan bajos está empezando a funcionar como un estimulador del riesgo de los particulares, tras unos años de ver cómo la rentabilidad de los depósitos bancarios, donde se aloja la mayor cantidad del patrimonio financiero de los españoles, era cero o simplemente negativa por el efecto contractivo de la inflación. Ahora la rentabilidad de los más de 600.000 millones alojados en depósitos bancarios es escasamente del 0,4% nominal, y por vez primera en 2017 el dinero alojado en participaciones empresariales y fondos de inversión superó a los depósitos. Algo se ha movido en la mente del ahorrador tradicional para estimular la búsqueda de riesgo, que no es ni más ni menos que dar el paso desde el ahorro a la inversión.

Aunque no hay garantías completas de preservar el capital con la inversión en renta variable, solo los retornos que hoy proporcionan los dividendos (una media superior al 4% nominal en la Bolsa) deben llevar a los españoles a movilizar su dinero, que, por otra parte, supone una capitalización de la economía de la que en absoluto se participa si el patrimonio financiero se pone a disposición de la banca para que intermedie con bajísimos costes en el mercado crediticio.

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