Cómo proclamarse el mejor sin caer en la arrogancia

Destacar el éxito individual es legítimo siempre que se pueda demostrar

Las empresas valoran más que nunca las habilidades emocionales, y el egoísmo no está entre sus preferencias

El futbolsita del Real Madrid, Cristiano Ronaldo, posa con su quinto Balón de Oro.
El futbolsita del Real Madrid, Cristiano Ronaldo, posa con su quinto Balón de Oro.

"No veo a nadie mejor que yo. Veo que hago cosas que otros no pueden hacer. No hay un futbolista más completo que yo. Soy el mejor jugador de la historia, tanto en los buenos como en los malos momentos”. Así se reconocía Cristiano Ronaldo, la estrella del Real Madrid, en una entrevista a la revista francesa France Football, tras recibir su quinto Balón de Oro que le acredita como mejor futbolista de este año. En la misma, Ronaldo concedía que haya gente que “puede preferir a Messi o a Neymar, pero nadie es más completo que yo”, y reconocía que, durante los años en los que no ganó esta distinción individual, se sentía “triste y enfadado. Iba a las ceremonias de entrega pero no ganaba nunca. En un momento estaba incluso desmotivado”.

Las afirmaciones del deportista portugués han levantado todo tipo de opiniones y debates futbolísticos. El portugués siempre se ha caracterizado en sus manifestaciones públicas por su claridad a la hora de poner en valor su trabajo, su sacrificio y sus reconocimientos personales. Con cinco Balones de Oro es, junto a Messi, el que más distinciones de este tipo ha ganado. Y es ese cara a cara ya histórico con el argentino, y los méritos de otros grandes futbolistas que les han precedido, los que cuestionan la categórica autoproclamación de Ronaldo como el mejor de todos los tiempos, algo que también le ha generado críticas por ser él, y no otro, el que se haya puesto esa etiqueta.

Tan negativo es para un profesional ser egocéntrico como destacar por una modestia excesiva que no permita resaltar sus méritos

Porque, ya sea en una estrella del deporte reconocida en todo el mundo, o en un profesional de cualquier otro campo, el exceso de ego no es el mejor aliado, lo que no quiere decir que no se deba presumir de los méritos logrados durante su trayectoria. Siempre, eso sí, que pueda acreditarlos. “Cuando alguien se presenta a sí mismo como el mejor en algo, lo principal es que pueda demostrarlo. Los profesionales de recursos humanos rascamos mucho en el historial,le cuestionamos cómo lo ha conseguido, con qué clientes, qué dificultades encontró... Buscar ejemplos muy concretos y objetivos para probar que esa persona tiene el nivel de desempeño que dice poseer”, describe la directora de captación de talento de Adecco, Nuria Esparza.
Para ella, mejor que decirlo es poner encima de la mesa los resultados, porque tan negativo es sacar demasiado pecho como ocultar lo logrado por un exceso de modestia. “Alguien que no pone en valor lo que aportaría a su nueva empresa o en su nuevo cargo también es malo. No significa hablar de ti, sino hablar de tus ideas, de lo que puedes aportar, intentando ser lo más objetivo posible. El exceso de modestia hace que el interlocutor no pueda ver lo bueno de ti”, añade Esparza, quien resalta la importancia que dan hoy las empresas al encaje cultural y a las características y valores personales.

“Uno puede ser muy bueno técnicamente, pero lo que te va a diferenciar es la gestión de tu personalidad y de tus emociones cuando te relaciones con los demás”, apunta Maite Palomo, profesora de gestión de recursos humanos y psicología del trabajo de ESIC. Para ello, dice, es fundamental tener control sobre las emociones, sobre todo en la interacción con quienes rodean al profesional. En el caso de la alta dirección, por ejemplo, aspectos como la gestión de la diversidad, entender los nuevos métodos de trabajo que vienen con las nuevas generaciones, requiere de una flexibilidad que no es compatible con posiciones rígidas y categóricas. “Ser una persona orientada al logro y a la aspiración de poder no es negativo mientras no lo hagas por métodos ilícitos. Si eres generoso, acompañas al que tienes al lado, y tienes empatía, puedes hacer que todos ganen”.

En el caso de Cristiano Ronaldo, Palomo analiza que su pose arrogante “tiene que ser una imagen externa, porque si ese tipo de comportamientos los tuviera en el vestuario el rechazo sería total, y no es así. Alguien que habla en el trabajo constantemente de lo bueno que es acaba resultando insoportable, y siendo visto como competencia, no como compañero”. Nuria Esparza, de Adecco, añade que este tipo de perfiles más individualistas tienen que estar controlados, y pone el ejemplo de los perfiles comerciales, “donde el exceso de confianza es habitual, presumir de ventas, facturación... Y no es malo, pero eso tiene que combinarse con una buena relación con los demás, con la capacidad de aprendizaje, de adaptación al cambio...”.

Autoconocimiento

De ahí la relevancia de una correcta gestión de la personalidad y las emociones. Y para llegar a ese punto, primero hay que empezar por la introspección, realizando un balance profesional. “Los logros se basan en datos objetivos. Un profesional debe buscar a través de esos datos dónde están esos logros y qué impacto han tenido”, explica Yolanda Portolés, socia de Triat.

A partir de ese balance se podrán identificar los talentos de cada uno, y también contextualizarlos: si se podrían alcanzar esos éxitos en otras empresas, o si se podrían repetir si la coyuntura fuese negativa, si de esos logros tienen culpa también otras personas, o cuál es el nivel de autocrítica sobre el trabajo realizado. “Uno es el mejor porque alguien le ha ayudado. Por eso, ante este tipo de perfiles más individualistas, los que trabajamos en recursos humanos debemos hacerles preguntas:qué nos diría de ti tu jefe, o tus compañeros, o las personas que te han supervisado. Por qué te planteas los cambios, cuáles son tus prioridades, qué esperas de la empresa. Muchas veces, la toma de decisión de una compañía está en esos matices”, añade Portolés, quien deja claro que estos son perfiles que no tienen punto medio. "O provocan rechazo o admiración. Rechazo a quien se definiría de una manera más humilde, y adeptos porque simbolizan a personas con éxito, con estatus”.

Los perfiles más individualistas no tienen término medio: o despiertan rechazo o admiración

¿Pero se puede presumir de trayectoria sin caer en la soberbia?¿Pueden los éxitos ser percibidos con admiración por los demás? Sí, siempre que se comuniquen bien. El experto en personal branding Andrés Pérez Ortega explica que “la forma de demostrar lo bueno que eres sin que nadie se ofenda es aportando cosas útiles, ayudando a los demás. Si demuestras tu valor, son los demás los que van a decir que lo que haces vale la pena”. Asu juicio, ponerse etiquetas como el mejor, el gurú o el influencer, restan credibilidad a quien se las pone:“Te las tienen que poner los demás, no tú. Uno como profesional no tiene que decir que es bueno, pero sí hacer todo lo posible para que nos vean así. Mejor que decirlo es demostrarlo, enseñarlo”.

Para el profesor del departamento de dirección de marketing de Esade, Franc Carreras, es clave conocer el público. En España, por ejemplo, el éxito individual genera más rechazo que el grupal, por lo que sacar demasiado pecho públicamente no es lo más recomendable. Pero, dice, se puede proclamar el éxito personal sin causar rechazo incluyendo en el mensaje tres elementos: agradecimiento, reconocimiento y generosidad. “No es malo decir, soy el número uno en ventas. Pero es en la forma de decirlo donde está la dificultad. Hay que introducir elementos de generosidad y beneficiarnos de ello”. Porque la falta de estos elementos suele enmascararse con una supuesta “autenticidad”, dice Carreras:“Se dice,no tengo filtros, yo soy así”. Se desvía todo a esa autenticidad para justificar la falta de tacto al comunicar, es algo infantil u primitivo. La autenticidad no está reñida con ser educado, y tenemos un entorno social al que cuidar”. 

El mismo peligro está en el exceso de humildad. “Tan equivocado es comunicar de forma poco depurada como comunicar poco. Pero lo peor de todo, en cualquier caso, es no comunicar”, cierra Carreras.

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