Emmanuel Macron, presidente de Francia, Jean-Claude Junker, presidente de la Comisión Europea, y Ángela Merkel, canciller alemana.
Emmanuel Macron, presidente de Francia, Jean-Claude Junker, presidente de la Comisión Europea, y Ángela Merkel, canciller alemana.

Bruselas contraataca, pero choca con Berlín

La CE reclama (sin éxito) el control del Fondo Monetario Europeo y la jefatura del Eurogrupo

La Comisión Europea intentará hoy recuperar el honor y el poder perdido durante la crisis de la zona euro. El organismo presidido por Jean-Claude Juncker tiene previsto aprobar un proyecto de reforma de la Unión Monetaria que otorgaría Bruselas el control de los fondos de rescate existentes (rebautizados como Fondo Monetario Europeo), de los futuros mecanismos de estabilización y hasta la presidencia del Eurogrupo (reunión de ministros de Economía de la zona euro). Juncker intenta así pasar la página de una debacle económica y financiera que, bajo la batuta de Alemania, ha reducido en todo lo posible la influencia de la Comisión Europea y ha sustraído la gestión de los rescates al control del Parlamento Europeo.

 El plan de Juncker será debatido en la cumbre de la zona euro de la semana que viene (15 de diciembre). Y se aspira a una aprobación definitiva en el verano de 2018. Pero las primeras negociaciones indican que Berlín y otras capitales van a impedir que la Comisión recupere o amplíe sus competencias. Los ministros de Economía de la zona euro ya han cerrado filas para aguar o retrasar las principales propuestas de Juncker. El presidente saliente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, trasladará a los primeros ministros el veredicto del Eurogrupo, que de momento parece inapelable. La primera andanada del Eurogrupo pretende acabar con la intención de Juncker de convertir al actual fondo de rescate (Mecanismo Europeo de Estabilidad o MEDE) en una institución comunitaria gestionada por la Comisión Europea y sometida al escrutinio del Parlamento Europeo.

 Bruselas propone, además, cambiar el nombre del organismo para denominarlo como Fondo Monetario Europeo, dado que asumiría dentro de la zona euro unas funciones similares a las del FMI a nivel mundial.La propuesta ha sido debatida ya en tres Eurogrupos (octubre, noviembre y diciembre). Y solo ha sobrevivido la nueva denominación. Los ministros aceptan que el MEDE pase a llamarse FME, pero se niegan en redondo a ceder su control a la CE y a que pierda su carácter intergubernamental. El MEDE, por tanto, seguirá a las órdenes directas de los ministros de Economía, que conforman su Consejo de Gobernadores. Y se regirá por sus propias normas de voto, que otorgan a cada país un peso proporcional a su participación en el capital (11,8% en el caso de España).

Fuentes comunitarias creen que, a medio plazo, solo cambiará el nombre y el FME recogerá la herencia del primer fondo temporal de rescate (FEEF) creado en 2010 y del definitivo (MEDE), creado en 2012. Entre 2010 y 2016, ambos han desembolsado 254.500 millones de euros en los cinco países socorridos durante la crisis (Grecia, Irlanda, Portugal, Chipre y España). Otra de las propuestas importantes que dará a conocer hoy la Comisión es la creación de una línea presupuestaria propia de la zona euro, que podría utilizarse, tal y como desea la Francia de Macron, para tiempos de recesión. Fuentes del Eurogrupo también descartan que esa iniciativa salga adelante tal y como la plantea la Comisión. La primera resistencia llegaría desde los países con moneda propia (nueve en la actualidad), que se resistirían a que una parte del presupuesto comunitario estuviese reservada para los 19 miembros de la Unión Monetaria. Pero algunas fuentes incluso dudan de la utilidad la propuesta desde el punto de vista económico.

En el seno del Eurogrupo parece abrirse paso una idea alternativa, que apuntaría a la creación de un fondo de estabilización que actuaría en caso de que un schock asimétrico dañe de manera particular la economía de algún socio de la zona euro. El ejemplo recurrente estos días en Bruselas sería las posibles consecuencias para Irlanda de la salida de Reino Unido de la UE. La Comisión también aspira a gestionar ese fondo anticrisis. Pero a la mesa del Eurogrupo ya han llegado otras propuestas que parecen mucho más atractivas a otros ministros. Una de ellas sería aprovechar los recursos del MEDE infrautilizados en tiempos normales (con una capacidad de préstamo de medio billón de euros, gracias capital base de 80.500 millones de euros y de 624.300 millones en garantías).

El MEDE podría crear una facilidad destinada a préstamos de corta duración y condicionalidad reducida para socorrer rápidamente a los países dañados por un schock y evitar que el deterioro económico acabase en un rescate completo. Para algunos ministros de Economía, la propuesta tiene la ventaja de que no habría que aportar recursos financieros para un nuevo fondo. Y el control de la caja estaría en manos del Eurogrupo, sin explicaciones a la CE ni al Parlamento Europeo. La tercera propuesta de la Comisión que puede capotar sin llegar a despegar apunta a la jefatura del Eurogrupo. El organismo de Juncker propone que la presidencia de ese foro, ejercida ahora por un ministro de Economía o de Finanzas, pase a ser ocupada por el comisario europeo de Economía. La fórmula es similar a la utilizada en el consejo de ministros de Asuntos Exteriores, que desde hace años está presidido por la Comisión Europea (en la actualidad, por Federica Mogherini, vicepresidenta de la CE).

Pero los ministros del área económica no parecen dispuestos a dar ese paso, al menos de momento. Este lunes, solo 48 horas antes de que la CE se postule para presidir el Eurogrupo, los ministros han elegido a un nuevo presidente, el titular portugués, Mário Centeno. El nuevo presidente asumirá el cargo el próximo 13 de enero y su mandato no expira hasta mediados de 2020. Fuentes comunitarias descartan que durante ese período se fusionen los puestos de presidente y de comisario. Y los más pesimistas creen que el nuevo cargo, equiparado pretenciosamente con el de un ministro de Economía de la zona euro, no verá la luz hasta que se lleve a cabo una reforma de los Tratados europeos, una condición que, con toda probabilidad, no se cumplirá hasta bien entrada la próxima década. La Comisión Europea, al menos, sí que parece llamada a ganar peso en la gestión de los rescates. Más que nada, porque los otros dos miembros de la troika (BCE y FMI) se resisten a seguir participando. El BCE por los conflictos de interés. Y el FMI por discrepancias sobre el rescate de Grecia, cuya gestión ha criticado repetidamente. Pero la Comisión no asumirá el protagonismo. Su nueva escolta será el MEDE. Señal de que Alemania sigue sin fiarse de la CE.

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