Los delegados asisten a la ceremonia de clausura del XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China, que se celebró el pasado mes de octubre en el Gran Palacio del Pueblo, en Pekín.
Los delegados asisten a la ceremonia de clausura del XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China, que se celebró el pasado mes de octubre en el Gran Palacio del Pueblo, en Pekín.

¿Es China una amenaza para la economía española?

El centro de la actividad mundial se ha desplazado ya hacia Asia. Ignorar ese hecho puede salirnos muy caro

Nos está absorbiendo tanto el problema catalán que estamos dejando de lado otros temas que son al menos tan importantes, si no más. La reciente celebración del XIX Congreso del Partido Comunista y la visita de Trump a China son un ejemplo. Estamos acostumbrados a seguir con interés lo que ocurre en Estados Unidos, lo que no es sorprendente porque es el líder mundial, y se da por descontado que lo que decida nos va a afectar de lleno. A China le prestamos un interés que podíamos llamar anecdótico. Y eso es un error. De anecdótico nada. Como decía el título de la película de M. Bellochio La Cina è Vicina, China está más cerca de lo que pensamos.

Es cierto que EEUU sigue siendo el país más poderoso del mundo, pero también lo es que Trump es seguramente–de todos sus predecesores– el presidente más contestado en su país y con menor peso en la esfera internacional. Además de los líos que tiene en casa (incluido el lío ruso), lo que más choca es su interés declarado por salirse de instituciones y tratados sobre las que se ha tejido la influencia norteamericana.

La posición del recién reelecto presidente chino, Xi Jinping, es justo la contraria. En enero estuvo en Davos y allí prometió que sería el campeón de la globalización, el libre comercio y defendería con ahínco el acuerdo de París sobre cambio climático. La audiencia suspiró aliviada. Por lo menos, el nuevo líder mundial in pectore compartía aspectos cruciales de lo que hasta la llegada de Trump había sido el ideario del mundo occidental. Chocante.

China es en la actualidad la segunda potencia económica. Sin embargo, fue un país cerrado durante un muy largo periodo de tiempo incluyendo la era Mao. Solo comenzó a abrirse en los años ochenta del siglo pasado de la mano de Deng Xiaoping, el que hizo famosa la frase pragmática por excelencia: “gato blanco, gato negro, lo que importa es que cace ratones”. Fue él el encargado de abrir la economía china al mundo. Los resultados de esta apertura son muy visibles. En el año 2000, China representaba el 3% del comercio mundial. En 2016 ya representaba el 10,1%. Es decir, en tan solo 16 años había más que triplicado su peso.

Si nos centramos en España, las importaciones de China representan el 9,9% en la actualidad cuando en el año 2000 representaban solo el 2,8%. Por lo tanto, se han multiplicado también por más de tres en estos 16 años. Lo mismo ha pasado con Alemania o EEUU, que también han visto triplicar el peso de los productos chinos. Las importaciones chinas ya representan el 21,4% del total importado por Estados Unidos.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que estas cifras representan valores mínimos, porque se refieren solo a productos que importa directamente un país, por ejemplo España, de China. Pero no tienen en cuenta la importación por España de, por ejemplo, productos alemanes que llevan incorporados componentes fabricados en China. Y este componente de comercio de productos intermedios ha ganado con la globalización mucho peso en el comercio mundial.

Las importaciones de China que más peso tienen, tanto en España como en el resto del mundo, son maquinaria y material mecánico y eléctrico que incluye TVs, aparatos reproductores de sonido, frigoríficos, y electrodomésticos en general. También engloba componentes que se incorporan a productos que luego son exportados bajo la marca Alemania, pongamos por caso. Estas partidas representan el 33,3% de las importaciones españolas de China. El siguiente bloque son prendas y complementos de vestir. Compramos a China más prendas de vestir ahora que hace 16 años.

Hay que tener en cuenta que hay empresas españolas que tienen deslocalizada su producción en China. Cuando sus productos son vendidos de vuelta en España aparecen como importaciones procedentes de China. Este es un buen ejemplo del coste que tiene para la economía española, especialmente para las regiones especializadas en estos productos, la competencia china.

Lo anterior no quiere decir que los sectores más amenazados sean los más tradicionales, los intensivos en mano de obra barata de cualificación media/baja. En la actualidad, los productos ligados a las nuevas tecnologías representan el 11,45% de las importaciones españolas procedentes de China, y en el mundo el 26,6%. Por tanto, es un error pensar en China solo como un competidor cuya ventaja la basa en los bajos salarios y productos de bajo valor añadido. Su voluntad de convertirse en líder mundial le obliga a hacer el recorrido completo, incrementando su presencia en todos los segmentos del mercado. La inversión tan fuerte que está realizando en I+D tiene como objetivo llevarse la parte grande del pastel, no solo las migajas. Además, los chinos son los banqueros del mundo como antes lo fue Japón; han tomado la iniciativa en África y Latinoamérica comprando minas de minerales estratégicos y desarrollando proyectos de infraestructuras. Su presencia hace tiempo que es global.

La economía española necesita espabilar. El centro de gravedad de la economía mundial se está desplazando hacia Asia y no parecemos ser conscientes de los riesgos que esto supone para una economía intermedia como la española. Nuestro crecimiento se basó en la mano de obra barata. A esto los chinos nos ganan por goleada. Debemos buscar otros nichos de negocio pero no lo tenemos fácil. No somos una potencia tecnológica y nuestra productividad deja mucho que desear. Mientras tanto China no para. Como nos descuidemos se nos van a comer con patatas.

Insistentemente salta la alarma de que el crecimiento chino se está moderando, seguramente porque no es lo mismo copiar e imitar tecnología y productos que inventarlos. Sin embargo, esto no debería interpretarse como que China está levantando el pie del acelerador. Por el contrario. Ha aumentado extraordinariamente el gasto en investigación. Es decir, están tomando medidas para alcanzar y mantener el liderazgo mundial. Y nosotros mientras tanto a verlas venir, enredados en otros asuntos de menor trascendencia. Y este desinterés nos pasará factura. Seguro.

Matilde Mas es Catedrática de Análisis Económico de la Universidad de Valencia y Directora de Proyectos Internacionales en el IVIE.

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