Las ventas de coches acusan las primeras consecuencias del ‘brexit’

Las ventas han caído un 2% en todo el continente

Guardias Granaderos en campaña de Amapola, en las inmediaciones del Banco de Inglaterra, en Londres (Reino Unido).
Guardias Granaderos en campaña de Amapola, en las inmediaciones del Banco de Inglaterra, en Londres (Reino Unido).

Entre los debates e incógnitas que rodean la decisión de Reino Unido de abandonar la UE, figura la factura económica de una salida que a día de hoy todavía no ha comenzado oficialmente, pero ya está abriendo heridas y levantando ampollas. Mientras Londres y Bruselas continúan enzarzados en conversaciones sobre cuál será la hoja de ruta y los plazos del divorcio, los datos sobre el daño económico comienzan a concretarse. Uno de los mercados en los que pueden apreciarse ya es el de las matriculaciones de vehículos. Las ventas han caído un 2% en todo el continente este mes de septiembre, en términos interanuales, aunque no solo por influencia del brexit, sino también por otros factores, como la crisis del diésel entre los fabricantes alemanes debido al escándalo de las emisiones de gases.

Si se presta atención a los datos acumulados del año en cada uno de los mercados nacionales europeos, sin embargo, se aprecia claramente un antes y un después en el sector del automóvil británico. Mientras en conjunto, la demanda de vehículos en los primeros nueve meses creció un 3,7% en Europa, con subidas en casi todos los países, Reino Unido aparece como la única región en que desciende, con un 3,9%. La brecha es aún mayor si se analiza únicamente septiembre, mes en el que las ventas en Gran Bretaña cayeron un 9,3%.

Todos estos datos no deberían sorprender si se tiene en cuenta que el poder adquisitivo de los hogares británicos ha caído en 600 libras anuales (686 euros) en comparación a un escenario semejante al que Reino Unido disfrutaba antes de la crisis. También es verdad que la situación se está viendo agravada por la profunda incertidumbre que genera la negociación de salida de la UE, aparentemente atascada y con divisiones entre los propios conservadores británicos, así como por otros condicionantes que afectan a la industria del motor en general, como los planes de calidad del aire que se están aprobando en distintas ciudades.

Es evidente que algunos de esos factores, como la caída de la renta disponible de los británicos, son daños aparentemente unidos a la fractura, pero no ocurre lo mismo con otros, como la lentitud en la negociación del bréxit o la incertidumbre que rodea las regulaciones sobre la calidad del aire en las grandes urbes. Lo que ocurre en el mercado de las matriculaciones puede producirse en cualquier otro sector. Porque ni ahora ni después del brexit, el mercado europeo será un compartimento estanco. Una gripe en Londres siempre será, como mínimo, un resfriado en Bruselas que Europa haría bien en prevenir.

 

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