¿Ha sido 2016 un buen año para el turismo?

Como indicador preocupante, se percibe un descenso de la estancia media

La celebración hoy del Día Mundial del Turismo es una buena razón para reflexionar sobre lo que ha supuesto el año 2016 para esta actividad en España, sobre todo ahora que tenemos recientes los datos definitivos de la encuesta oficial del turismo extranjero en España, Frontur. Durante el pasado año recibimos 75,56 millones de turistas, es decir, un 10,3% más que el año anterior, lo que supone 7 millones de aumento de las llegadas, una cifra que hubiese sido considerada increíble hace pocos años. Por tanto, se trata de una verdadera hazaña que permite alcanzar una cuota en el turismo internacional superior al 6%.

Sentado este principio, debemos preguntarnos con realismo y sin triunfalismo si todas las cifras que se relacionan con el turismo son favorables o sí, por el contrario, hay que atribuirlas a una situación coyuntural compleja, habitual en muchos de los fenómenos sociales y económicos. En estos contextos lo normal es que no todo sean luces, sino que, al fulgor de un espectacular suceso le acompañen cifras en las que hay algunas sombras.

Tal como se ha mencionado con frecuencia en los últimos meses, una parte importante de esos siete millones de incremento posiblemente se hubiesen desplazado a otros países mediterráneos si en aquellos destinos no hubiera habido conflictos, amenazas terroristas e inestabilidad social y militar. Eso quiere decir que si la situación, que nos ha favorecido temporalmente, se calmase en los próximos años la cifra se vería mermada por el retorno de ese turismo circunstancialmente prestado.

Pero las sombras oscurecen algo más el balance al comparar las cifras de llegadas con las cifras de su influencia económica. No debemos quedar satisfechos al comprobar que los turistas aumentan el 10,3% y los ingresos bastante menos; solo el 6,7% considerando la estimación en función de la balanza de pagos y hasta el 8,3% si tenemos en cuenta las valoraciones de la encuesta del gasto turístico. Quizá podamos encontrar cierto optimismo en el fuerte crecimiento de las estancias en los hoteles, que en el año 2016 llegó a la cifra de 216 millones, lo que equivale a un aumento del 9,3%, positivo, sí, pero inferior al incremento de llegadas.

Algunas otras sombras en este balance, que influyen negativamente en el rendimiento global, se refieren a la evolución de la demanda interna medida por el número de estancias en los hoteles, que solo ha crecido el 3,5%. Es un incremento muy parecido al del PIB, 3,2%, lo que manifiesta una cierta inelasticidad en este segmento que, con 113 millones de estancias, se encuentra lejos de la cifra alcanzada antes de la crisis, que era de 117 millones de estancias. Y también nos ha de preocupar el gasto medio por viajero, que de nuevo ha descendido su promedio: en el cuarto trimestre del año 2014 era de 755 euros, y en el mismo periodo del último año solo llegaba a 722.

Por otra parte, como indicadores preocupantes que se proyectan como sombras se percibe un descenso de la estancia media, lo que implica una repercusión negativa sobre el gasto medio y el consumo de actividades de ocio, de alternativas de disfrute cultural o de productos complementarios de la oferta turística. Además, tal y como se comprueba en los ratios explicados, se percibe que disminuye en términos relativos la cuota de los alojados en hoteles, mientras que crecen los porcentajes que se dirigen a alojamientos de menor generación de empleo.

Como resumen del año debemos concluir que los resultados sectoriales han sido excelentes y que el futuro parece esperanzador, pero para conseguir la eficiencia que el turismo español puede y debe alcanzar, hemos de sustituir las sombras por luces.

Este proceso exige, como siempre, un mayor conocimiento de los objetivos y la adecuada interpretación de cuáles han de ser las políticas y estrategias a incorporar. Así conseguiremos crecer más y mejor en esta industria, tan importante para España, y que las zonas opacas, poco a poco, se iluminen.

 

Manuel Figuerola es profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nebrija

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