Angela Merkel y MartinSchulz, en su debate.
Angela Merkel y MartinSchulz, en su debate.

Elecciones alemanas: si funciona, no lo arregles

La prosperidad y estabilidad que vive el país apuntan a una reedición de la actual gran coalición

Los que vieron el único debate de Merkel y el aspirante Schulz pudieron constatar que fue más un dueto que un duelo

Acostumbrados como estamos en nuestro país a unas campañas electorales broncas, frentistas y cargadas de descalificación hacia el contrincante –basta recordar el último doblete en las generales y la agitación electoralista tan permanente como cansina en relación al referéndum ilegal en Cataluña– la campaña electoral que vive Alemania en las semanas previas a las elecciones al Bundestag puede llegar a parecernos excesivamente correcta, sosa y aburrida.

Quizá sea por eso –o porque no se esperan cambios significativos en el escenario político tras el 24 de septiembre– que la campaña pasa bastante desapercibida para la opinión pública española y, en general, europea, a pesar de que todos somos más o menos conscientes de que las decisiones que se toman en Berlín repercuten directamente en el resto de la Unión Europea, incluida España.

Pero tampoco los propios alemanes se apasionan con la próxima cita a las urnas. Viven en un país que va bien, por no decir excelentemente bien, con superávit presupuestario, unos índices de paro históricamente bajos y un crecimiento moderado pero sostenido a lo largo de bastantes años. Las perspectivas de futuro son igual de buenas. Combinando los satisfactorios datos macroeconómicos con el hecho de que los alemanes rehúsan por lo general de las apuestas arriesgadas (más vale malo conocido que bueno por conocer) todo apunta a una reedición de la gran coalición.

El gobierno de democristianos y socialdemócratas, bajo el liderazgo moderado y sensato de Angela Merkel, ha sabido afrontar en los últimos cuatro años los retos pendientes, gestionar bien los servicios sociales y dejar funcionar la economía germana, sin mayor intervencionismo político. Todo ello sin que ninguno de los socios de gobierno haya tenido que traicionar su identidad o programa político.

Porque en la práctica –y esto es tan llamativo como admirable– los objetivos políticos de la CDU y el SPD, y los programas para alcanzarlos, convergen en tan alto grado que el Gobierno conjunto, la Große Koalition, ha llegado a ser una simbiosis casi natural.

Los que vieron el único debate electoral televisado entre la canciller Merkel y el aspirante Schulz pudieron constatar, sin mayor asombro, que fue más un dueto que un duelo. Quedó patente que tienen mucho más en común que aquello que les separa. “Tiene usted toda la razón…”, “comparto su posición” y comentarios análogos a lo largo de los 90 minutos podían hacer pensar que se presentaban en la misma lista.

Por su amplia experiencia, ambos se sienten cómodos en cuestiones internacionales. Los dos critican con la misma dureza y transparencia al autócrata Erdogan, al ególatra Trump, al eurófobo Orban y a Kim Jong-un (uno ya no sabe cómo calificarlo). Y los dos fervientes defensores de la integración comunitaria en favor de una Europa fuerte y unida.

También en temas domésticos, Schulz “lo tiene crudo” para presentarse como alternativa a la canciller, más progresista y social que ella. Cuando el socialdemócrata promete reducir la desigualdad entre ricos y pobres, Merkel remite a las políticas y leyes que en ese mismo sentido se llevan aprobando y aplicando en los últimos cuatro años, con socialdemócratas presidiendo los ministerios de familia, juventud, trabajo, asuntos sociales y economía. Incluso los grandes temas de futuro para una economía avanzada como la alemana –la digitalización y la industria 4.0– ya están “ocupados” por el centro-derecha. Y no olvidemos que fue Merkel quien decidió la salida de la energía nuclear, otra reivindicación más propia de la izquierda.

Cuando se toca la cuestión que más ha preocupado a los alemanes en los últimos dos años, el de la inmigración masiva, tanto Merkel y Schulz insisten en que su país debe respetar (y hacer respetar a nivel comunitario) el derecho de asilo de los cientos de miles de refugiados. Igual de inflexibles se muestran ambos cuando reclaman procedimientos más rápidos y eficientes para expulsar de la República Federal aquellos inmigrantes que delinquen o mantienen lazos con extremistas o grupos terroristas. Advertir hasta mínimos matices en sus posiciones resulta difícil sino imposible.

En definitiva, el tándem Merkel y Schulz, que muy probablemente dirigirá el país durante los próximos cuatro años, representa en buena medida lo que es Alemania hoy en día. Una sociedad basada sólidamente en valores democráticos y en el estado de Derecho; comprometida con la construcción europea y consciente de que debe jugar un papel creciente en la política global, siempre constructivo y de la mano de sus principales socios occidentales. Pero, sobre todo, representan una sociedad unida y madura que apuesta por la colaboración de fuerzas mediante un Gobierno fuerte de concentración para afrontar con éxito los retos venideros y construir unidos el futuro común.

Una nueva gran coalición es buena para Alemania. Por ello es también buena para Europa.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

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