La insuficiente respuesta a los gobiernos nacionalistas de Polonia y Hungría

Desde hace años el primer ministro nacionalista de Hungría Viktor Orban intenta minar la democracia de su país. Ha conseguido que la mayoría parlamentaria de su partido FIDESZ apruebe leyes que eliminan o reducen la independencia de los tribunales, del banco central y de los medios de comunicación. La Comisión Europea responde con advertencias pero no se concretan las medidas punitivas, que según el Tratado de Lisboa permiten suspender los derechos de voto de un estado miembro cuyo gobierno vulnera derechos y libertades fundamentales. Desde 2016 Orban cuenta con un gran aliado en el gobierno nacionalista de derechas de Polonia. El partido gobernante de Polonia, PiS, también ha utilizado su rodillo parlamentario para aprobar leyes que socavan la independencia del Tribunal Supremo, otras instancias judiciales y la libertad de prensa. Ya es hora que la Comisión y los otros 26 estados miembros suspendan los derechos de voto de Hungría y Polonia. Su población no es euroescéptica. Simplemente tienen la mala suerte de contar con gobiernos autoritarios, xenófobos y anti-liberales. Pero no sucederá nada. Los líderes de Alemania y Francia están preocupados con otros asuntos y no quieren crearse problemas.

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