El G20 rebaja su agenda liberal para evitar la ruptura con Trump

El presidente de EE UU logra que se reconozca el derecho a ciertas medidas proteccionistas

Washington fracasa en su intento de resquebrajar el Acuerdo de París sobre clima

El presidente de EE UU, Donald Trump, y la canciler de Alemania, Angela Merkel, en el G20 en Hamburgo. (Patrik StollarzPool Photo via AP)
El presidente de EE UU, Donald Trump, y la canciler de Alemania, Angela Merkel, en el G20 en Hamburgo. (Patrik Stollarz/Pool Photo via AP)

La cumbre del G20 celebrada en Hamburgo bajo presidencia de la canciller alemana, Angela Merkel, ha concluido con una declaración común que rebaja la ambición liberalizadora del foro mundial que impulsa desde 2008 la respuesta global a la Gran Recesión económica.

Los líderes de las principales economías del planeta han tenido que aceptar la legitimidad de ciertas prácticas proteccionistas para evitar una ruptura con el presidente de EE UU, Donald Trump, que asistía por primera vez a este tipo de cumbres.

La ofensiva proteccionista de EE UU y la creciente resistencia de la opinión pública, traducida en grandes manifestaciones en Hamburgo, han contribuido a un drástico cambio de tono en la cumbre anual del G20.

"Salarios justos y decentes, componentes claves"

 

En la declaración final, los líderes del G20 entonan el mea culpa.  "Reconocemos que los beneficios del comercio internacional y la inversión no se han repartido de manera suficientemente amplia", señalan. Y los líderes añaden que "enfatizamos que salarios justos y decentes así como el diálogo social son componentes claves para que las cadenas de producción mundial sean sostenibles e inclusivas".

El documento final, pactado tras dos jornadas de debate en la principal ciudad portuaria de Alemania, reitera el llamamiento contra el proteccionismo de anteriores ediciones. Pero "reconoce el papel de instrumentos legítimos de defensa", una concesión a Trump, que desea adoptar represalias contra los países a los que acusa de prácticas comerciales desleales.

Merkel se ha mostrado satisfecha por el resultado. Y ha celebrado que, al menos, se admita que el objetivo "es mantener los mercados abiertos".

Ultimátum en acero

La cumbre de Hamburgo también parece haber frenado por el momento las intenciones de Trump de castigar con aranceles a las importaciones siderúrgicas, una penalización que hubiera perjudicado, sobre todo, a China y Alemania.

Pero la amenaza sigue en el aire porque el G20 ha fijado de plazo hasta agosto de este año para que todos los miembros del club cumplan el compromiso acordado en 2016 de facilitar la información necesaria para atajar el problema de la sobrecapacidad en producción de acero. Esa información debería traducirse en medidas concretas en noviembre de este año.

El acuerdo de París resiste

Trump ha tenido mucho menos éxito en su ataque contra el Acuerdo de París sobre cambio climático, del que EE UU ha decidido retirarse. El resto de líderes mundiales ha reafirmado que consideran "irreversible" ese Acuerdo. Y Merkel se ha congratulado por el hecho de que ningún país haya secundado la espantada de Trump, a pesar de las dudas que algunos países albergan sobre la aplicación de los objetivos de reducción de emisiones.

Aun así, el inquilino de la Casa Blanca no se rinde y ha logrado que la Declaración final de Hamburgo incluya la intención de EE UU de "colaborar estrechamente con otros países para ayudarles a acceder y usar combustibles fósiles".

El CETA entrará en vigor en septiembre

La UE y Canadá han acordado en Hamburgo que su acuerdo bilateral de libre comercio se aplicará de manera provisional a partir del próximo 21 de septiembre. Las dos partes envían así una señal política a favor de  la liberalización durante una cumbre del G20 que ha marcado un punto de inflexión por la irrupción de la agenda proteccionista de Donald Trump.

El acuerdo, conocido como CETA, entrará en vigor de manera definitiva una vez que todos los Estados de la UE hayan ratificado el texto, un proceso que puede plantear problemas en países como Bélgica, donde la región de Valonia se resiste a la liberalización acordada entre Bruselas y Otawa.

El CETA suprimirá el 99% de los aranceles que grava el comercio entre la UE y Canadá, en ambas direcciones. Bruselas calcula que el ahorro para las empresas europeas que exportan a Canadá ascenderá a 400 milones de euros al año durante la fase inicial de aplicación y a 500 millones cuando finalicen los períodos transitorios pactados.

Las empresas europeas también serán las primeras del mundo que podrán participar en concursos públicos en Canadá a todos los niveles, federal, provincial y municipal.

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