Así se reinventa un champán de 174 años de historia

Krug vuelve a su esencia para superar una época de parálisis

Sus ingredientes claves: el tiempo, la ciencia y la comunicación

champán
Una botella de Krug, junto a una libreta que perteneció al fundador de la bodega, Joseph Krug.

Eric Lebel tiene un trabajo que muchos pueden envidiar: cada año prueba 400 vinos. Pero su tarea no es tan placentera como parece. En base a esas catas, redacta 5.000 notas hasta dar con la mezcla de sabores exacta que, después de un tiempo de reposo, saldrá al mercado en forma champán desde 150 euros la botella.

Lebel es el maestro bodeguero desde 1998 de Krug, la marca de champán del grupo LVMH, con 174 años de historia a sus espaldas. Una de las etiquetas de referencia del champán francés que intenta adaptarse a los nuevos tiempos, donde la inmediatez es la máxima, preservando su valor fundamental: la paciencia. Joseph Krug fundó esta maison, ubicada en Reims (Francia), bajo una premisa, la de hacer cada año un gran champán, con una calidad constante, fueran cuales fueran las condiciones. Por ello, Eric Lebel se enfrenta cada año al reto de encontrar la fórmula idónea del Grande Cuvée, la referencia de la marca. “Tenemos que preservar el legado del fundador: el respeto a la individualidad y al tiempo”, explica Lebel.

Los viñedos de Krug se estructuran en pequeñas parcelas, que se tratan de forma individual hasta la elaboración final. Para hacer el Grande Cuvée mezclan parte de la última añada con vinos de reserva que almacenadas en la casa. La 172 edición de este champán, la correspondiente a la última cosecha, está compuesta por un coupage de pinot noir, chardonnay y meunier, un 58% de uvas de 2016, y el 42% de una mezcla de 145 vinos de reserva de 11 años diferentes. El más antiguo, de 1998. De ahí, pasa a reposar durante al menos siete años a la bodega, donde convive con botellas centenarias, barriles de roble y grandes tanques de almacenamiento, a una temperatura natural de 12 grados. No saldrá hasta que el tiempo haya hecho su tarea.

Pero si el tiempo es la base del sabor de los champanes de Krug, casi fue su condena. Su presidenta y consejera delegada desde enero de 2009, Maggie Henríquez, explica que allá por 2008 la bodega vivía una importante caída de ventas. Pero no era lo más grave. “La casa sufría mucho, había envejecido y perdía a sus clientes por una actitud arrogante. Estábamos sobre una joya cubierta por el polvo”, describe. Por ejemplo, Krug no guardaba sus botellas más históricas. La reconexión con el pasado y con el fundador, “del que no se sabía casi nada”, fueron los primeros pasos. “Entendimos el pasado, por qué existíamos, comprendimos mejor que nunca el savoir faire que hace única a esta casa”, describe. El trabajo, desde esas bases, fue hacer llegar el mensaje con una política de comunicación proactiva, como explica la ejecutiva de origen venezolano: “Así facilitas que la gente descubra y comparta el producto. Si te alejas, el público se olvidará de ti”.

Uno de los objetivos del equipo que lidera fue cambiar las etiquetas, las cuales no aportan información sobre la procedencia de la botella. “En el frontal, todas parecen el mismo champán.Para mi era inconcebible no decirle a la gente lo que estaba tomando”, dice Henríquez. La primera innovación fue el Krug ID: un número de serie de seis cifras impreso en la etiqueta trasera que, a través de la web y la aplicación móvil de Krug, explica el origen y las particularidades de cada botella. El siguiente cambio llegará el año que viene, cuando las etiquetas plasmen los detalles de procedencia: “Así respetamos a nuestro consumidor. Nuestras botellas por fin hablarán de prestigio”.

Trabajadores de Krug, en los viñedos de la marca.
Trabajadores de Krug, en los viñedos de la marca.

Entre la información que aparece al teclear la Krug ID se incluye una canción. La marca ha apostado por vincular música y champán desde el ámbito científico, abriendo un fondo para contribuir a las investigaciones de universidades como la de Oxford, que tratan de probar científicamente que, por ejemplo, el sabor de una copa de champán cambia cuando se disfruta escuchando música en vivo. “La obligación de una casa como esta es experimentar, descubrir y aportar”, resume Hernández. El esfuerzo da frutos. En el último informe anual de LVMH, que no detalla las ventas de Krug, se destaca “un considerable crecimiento”, gracias a “una original estrategia de marca e imagen, junto a una innovadora comunicación digital”. El polvo ya brilla por su ausencia en la recién renovada maison de Krug.

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