Las elecciones británicas ofrecen solo malas opciones a las empresas

Tanto laboristas como conservadores prometen más intervencionismo

El partido en el Gobierno tiene menos convicción para cumplir sus promesas

Marionetas de la primera ministra británica, la conservadora Theresa May, y del líder laborista, Jeremy Corbyn.
Marionetas de la primera ministra británica, la conservadora Theresa May, y del líder laborista, Jeremy Corbyn.

Tanto los conservadores como los laboristas ofrecen malas opciones para las empresas en las elecciones británicas de hoy. Los laboristas elevarían Sociedades, crearían un impuesto para los ejecutivos que ganan más de 380.000 euros al año, y subirían mucho la masa salarial. Los conservadores recortarían Sociedades, pero aumentarían la burocracia en las compras de empresas y recompras de acciones, el papel de los empleados en las decisiones corporativas, y la transparencia sobre la brecha salarial de género.

Los laboristas ingresarán más, pero también gastarán más, incluyendo 290.000 millones en infraestructuras que deberían producir crecimiento y beneficiar al sector, a menos que las empresas huyan por la carga fiscal y salarial.

También proponen un impuesto a las transacciones financieras que acabaría con las posibilidades de Londres de sobrevivir como centro financiero. Los planes para nacionalizar la energía, ferrocarriles y correos pegan más en Venezuela que en Europa occidental.

Los conservadores intentarán una vez más reducir la inmigración y el gasto en escuelas en términos reales por alumno, lo cual reduciría la productividad y al talento. Y ninguno de los dos partidos ha dado una idea clara de lo que sucedería después del brexit.

Hay cosas buenas. Ambos proponen que las empresas se vean obligadas a tener en cuenta a las partes interesadas (stakeholders), como empleados y proveedores, al igual que a los accionistas. Los demócratas liberales, casi sin opciones, tienen algunas de las mejores ideas. Han propuesto gravar los ingresos de las empresas en lugar de los beneficios, una forma interesante de impedir que trasladen sus beneficios a jurisdicciones con baja fiscalidad.

Como en otras elecciones recientes, el libre mercado será el perdedor. No es una sorpresa. La presión de los accionistas no ha resuelto cuestiones como la falta de mujeres y el exceso salarial en los consejos, o los problemas de los contratos de cero horas. Dado que es inevitable que aumente el intervencionismo, puede que las empresas prefieran a los conservadores, aunque solo sea porque les falta convicción para llevar a cabo muchas de sus promesas.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de Cinco Días.

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