Una UE fuerte necesita un euro fuerte

Pese a las reformas adoptadas, aún estamos lejos de una Unión Económica y Monetaria completa

Pierre Moscovici, comisario de Asuntos Económicos, conversa con Mario Draghi, presidente del BCE.
Pierre Moscovici, comisario de Asuntos Económicos, conversa con Mario Draghi, presidente del BCE.

A la luz de los múltiples retos a los que se enfrenta Europa hoy, la Comisión Europea ha abierto un amplio debate sobre el futuro de la UE. El euro es una parte importante de este debate. A lo largo de los años, la integración económica y monetaria nos ha fortalecido. El euro es ahora una moneda compartida por 340 millones de europeos en 19 países, es la segunda divisa más utilizada en el mundo, ha estabilizado los precios y ha pasado a formar parte de la vida cotidiana de la mayoría de los europeos.

Pero la crisis financiera, pese a desatarse en otro lugar y por diferentes causas, puso de relieve las deficiencias en la forma que dimos al euro, y la persistente crisis social en numerosos Estados miembros mermó la confianza en su funcionamiento. Las importantes reformas adoptadas desde la crisis corrigieron algunas de las carencias y deficiencias en su construcción, pero todavía estamos lejos de una Unión Económica y Monetaria completa y fuerte. Además, avanzar ha resultado difícil, puesto que los puntos de vista y las posiciones difieren. Hoy, la Comisión ha publicado un documento de reflexión para desbloquear este debate y lograr un amplio consenso político (es decir, una visión común) sobre el euro.

Tenemos que ser claros con respecto a algunos principios básicos. La reducción de riesgos en el sistema y su reparto más amplio deben ir de la mano. El euro debe seguir estando abierto a todos los países de la UE, por lo que una mayor integración entre los miembros no debe poner en peligro la unidad del mercado único. Además, el proceso de toma de decisiones debe ser más transparente y estar sometido al control democrático.

Con estos principios en mente, vemos ámbitos clave en los que adoptar medidas a corto y largo plazo y proponemos distintas posibilidades para estimular el debate.

Un sistema financiero plenamente integrado es esencial. Ya hemos mejorado la supervisión de los bancos así como las normas y los mecanismos aplicables a la banca cuando las cosas van mal. Sobre esta base, tenemos que lograr que los bancos europeos reduzcan aún más los riesgos, entre otros elementos mediante la legislación recientemente propuesta, una estrategia para reducir los préstamos dudosos, un Sistema Europeo de Garantía de Depósitos y un mecanismo de protección del Fondo Único de Resolución. En paralelo, necesitamos acelerar la unión de los mercados de capitales, lo que generará financiación adicional para nuestras empresas y un reparto del riesgo a través de canales privados.

Una Unión Económica y Presupuestaria más integrada podría implicar el refuerzo de determinados elementos de coordinación de la política económica europea, garantizando que todos los países completen las reformas que sus economías precisan para generar un crecimiento sostenible e integrador. Esto también podría implicar una ayuda financiera mejorada del presupuesto de la UE a las reformas estructurales. Podría considerarse la creación de una función de estabilización macroeconómica para la zona del euro con objeto de ayudar a los países que resulten afectados por una perturbación económica demasiado grande para hacerle frente por sí solos. Existen diversas maneras de lograrlo, por ejemplo, mediante un Sistema Europeo de Protección de las Inversiones que garantice la inversión en momentos en que la financiación nacional se haya agotado. La opción que se elija no puede llevar a transferencias permanentes entre países o solo unidireccionales, ni minar los incentivos para una política presupuestaria saneada a escala nacional.

Por último, hemos de seguir adaptando nuestro proceso político, pues con una mayor integración económica viene la integración política. Deben celebrarse debates abiertos cuando se tomen las decisiones. Estamos colaborando más estrechamente que nunca con el Parlamento Europeo y los Gobiernos y Parlamentos nacionales, así como con los interlocutores sociales y las partes interesadas a todos los niveles.

La moneda única es uno de los logros más tangibles de Europa. Supone mucho más que un simple proyecto monetario, pues fue concebida como una promesa de prosperidad. Con el fin de salvaguardar esa promesa en pro de las generaciones futuras, necesitamos tener el valor de trabajar para culminar este proyecto ahora.

Valdis Dombrovskis es Vicepresidente de la Comisión Europea

 

 

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