renta básica universal
Un moneda de un euro acuñada en España. EFE

Más contras que pros a la renta básica universal

Los economistas creen que rebajaría la pobreza pero aumentaria la desigualdad

El desincentivo al empleo es uno de los posibles efectos

Cuando llegue la civilización nadie debería encontrarse peor de lo que estaba antes. Esta idea es la que está detrás de lo que muchos consideran la primera formulación en la Historia de la renta básica universal: el manifiesto Justicia agraria publicado por Thomas Paine en 1797.

En ese escrito, este autor estadounidense defendía que las grandes propiedades de tierra debían estar gravadas y con el dinero que se obtuviera de esos impuestos se otorgaría una ayuda de 25 libras a todos los ciudadanos que al llegar a los 21 años no tuvieran tierras en propiedad. Así lo explicó ayer Cive Pérez, autor del libro Renta básica universal. La peor de las soluciones (a excepción de las demás), quien defendió esta idea de Paine, al considerar que con una renta de este tipo “ya hemos igualado los puntos de partida y el Estado ya no es responsable”.

Sin embargo, más de doscientos años después, el debate sobre este tipo de rentas mínimas que, a su vez, tienen numerosos diseños, no se presenta tan sencillo. Es más, sus conclusiones son escasas y controvertidas. Esto quedó ayer patente en una mesa redonda organizada por la escuela de negocios IMF Business School en la que participaron, además de Cive Pérez , el economista y exministro de Industria socialista, Miguel Sebastián, el economista de Cunef, Juan Manuel López Zafra y el presidente de IMF, Carlos Martínez. El debate que tuvieron dejó algún pronunciamiento a favor de la renta básica pero algunos más en su contra.

  • Solventar los fallos del sistema. Para Cive Pérez, hay que diferenciar entre la capacidad de trabajo de los individuos y tener un empleo. Esto último en las condiciones actuales supone en muchos casos, “hasta prostituir las capacidades de trabajo” . Esto es en su opinión un defecto del sistema, que el propio sistema debería arreglar, y fijar una renta básica podría ser una vía.
  • Reducir la pobreza. El economista Juan Manuel López Zafra admitió que el efecto de disminución de los niveles de pobreza de una renta de estas características “es muy atractivo”. Pero dicho esto, estableció un primer pero este efecto. Para López Zafra la diferencia con la renta básica de la que habla Pérez es que, en su opinión, “la mejor forma de reducir la pobreza no es frenarla antes de ser pobre, sino dar a cada individuo la capacidad para desarrollarse personalmente”, mediante el trabajo. De lo contrario, “el Estado otorga una renta básica y el ciudadano se convierte en un súbdito”, argumenta López Zafra.
  • Menos economía sumergida. Cuando se aborda este tipo de rentas mínimas no suele hablarse de una derivada puesta ayer de manifiesto por el presidente de IMF Business School, Carlos Martínez. En su opinión, el cobro de una renta de verdad universal, compatible con un empleo, haría que se redujera notablemente la economía sumergida. “Si no me van a quitar la renta si acepto un puesto de trabajo o realizo una actividad, quizás esa actividad la haga regular y pague impuestos”, aseguró.
  • Coste. El coste de implantación de un sistema de renta básica es una de las cuestiones más controvertidas. Depende de su diseño. Según el cálculo de López Zafra, para que fuera universal (para todos los ciudadanos) tendría un coste de 371.500 millones de euros, lo que supone el 85% de los actuales presupuestos generales del Estado.El exministro Miguel Sebastián, por su parte, hizo otra aproximación, “más realista”, eliminando a colectivos como menores de 16 años, pensionistas y perceptores de terminado nivel de rentas, quedando un grupo de algo menos de diez millones de personas en España. En este caso una renta de 500 euros al mes (6.000 euros anuales) tendría un coste de entre 50.000 y 60.000 millones de euros, el 4% ó 5% del PIB. Si bien Sebastián no quiso precisar cuánto habría que subir la presión fiscal para costear este gasto. “Yo en eso no me meto, solo soy asesor”, bromeó. Además, llamó la atención sobre los posibles “costes de salida” si el modelo no funciona y hubiera que desmantelarlo.
  • Desincentivo laboral. Sebastián, sin embargo, si dijo que más que el coste le preocupaba el efecto desincentivador del trabajo de este tipo de rentas. ”Que la oferta de empleo se reduciría es de cajón. Además, las empresas se quedarían con los más cualificados, porque el resto ya tiene la renta básica, y los salarios de los ocupados crecerían más (y los precios). Esto generaría mayor desigualdad en la distribución de la renta”, explicó.
  •  “Efectos anestesia”. Según Carlos Martín, a las clases más pudientes podría interesarles que existiera esta renta, porque apagaría los conatos de revolución de las clases más favorecidas.

 

Normas
Entra en EL PAÍS