Jerusalén, donde las piedras y las gentes sí hablan

Para disfrutar del viaje hay que resetear la cabeza y mirar como un niño

Vista panorámica de la ciudad amurallada de Jerusalén Ver fotogalería
Vista panorámica de la ciudad amurallada de Jerusalén

¡Shalom! La puerta de entrada a Israel es Jerusalén. Lugar sagrado para judíos, cristianos y musulmanes. La Tierra Prometida para Moisés ante la que hay que descalzarse, liberarse de todo prejuicio y dejar que el asombro que esconde el niño que aún llevamos dentro nos permita callejear por el casco histórico, rezar por la paz ante el Muro de las Lamentaciones o en el Santo Sepulcro y oler a acacia al salir de la Torre de David.

La primera toma de contacto en cualquier viaje a Israel es el exhaustivo control de seguridad policial, doble al aterrizar en el aeropuerto de Ben Gurion de Tel Aviv y triple para salir. Paciencia, debe armarse de paciencia, 5.000 años de historia y siglos de disputas bien merecen educar esta virtud.

Es un destino en alza, 44.500 españoles lo visitaron en 2016 y un 16% más en este primer trimestre. El país está de fiesta, hasta el 7 de junio conmemora los 50 años de la reunificación de Jerusalén, capital del pueblo judío y lugar de culto para cristianos y mahometanos. Se celebra el fin de la Guerra de los Seis Días, en la que los judíos arrebataron la franja de Gaza y la península del Sinaí a Egipto, Cisjordania (incluida Jerusalén Oriental) a Jordania y los Altos del Golán a Siria. Una fecha que para los palestinos es vista como una desgracia y una ocupación.

Las banderas con la estrella de David reflejan el momento. Atisbará la vegetación de pastizal y el bosque tradicional mediterráneo con retama, pinos, cipreses y eucaliptos. La autopista que tomará está levantada sobre el mismo camino que recorrieron los cruzados en su marcha a la ciudad. Y desde Tel Aviv tendrá 60 km de subida a la montaña para llegar a Jerusalén. En el camino divisará el muro con Ramala, barrera de hormigón en Cisjordania que separa Israel de la sede del Gobierno palestino.

Al entrar le llamará la atención la armonía de su arquitectura blanca. Todos los edificios de la capital del país, con 900.000 habitantes, están cubiertos de piedra caliza, meleke, con la que está construido el Muro de las Lamentaciones, Kotel en hebreo, la muralla y la Ciudadela de David.

Arqueología

Patio de la ciudadela de David.
Patio de la ciudadela de David.

Con 2.000 sitios arqueológicos, ¿por dónde empezar? Al anochecer y al amanecer es aconsejable recorrer la parte antigua, Patrimonio de la Humanidad, entrando por la puerta de Jaffa. Vale la pena detenerse ante la Torre de David y caminar por las calles King David y Jafto hasta perderse en vías estrechas que atraviesan la calzada romana, el Cardo. Visitar el barrio armenio, judío y musulmán.

Si busca Es Salem de los jebuseos, conquistada por el rey David, su corte y sede religiosa sobre el monte Sión, iniciando una época de esplendor hebreo, necesitará resetear su cabeza. Tendrá que hacerse de nuevo niño y dar rienda suelta a la imaginación, recuperar los libros de historia, abrir la Biblia y escuchar atentamente al guía.

Una visita más calmada podría comenzarla en el Museo de la Torre de David, una fortaleza antigua que invita a un viaje al pasado para redescubrir el muro de Ezequías, el Palacio de Herodes, los muros otomanos y la cárcel británica, jordana e israelí. Y en la cima de las torres de la ciudadela tendrá alguna de las vistas más hermosas de la Ciudad Vieja, el Desierto de Judea, los Montes de Moab, el Monte del Templo y el Monte de los Olivos, y por el oeste, Mishkenot, Shananin y los barrios nuevos.

Con la llegada de la tarde, las piedras adquirirán una hermosa tonalidad anaranjada, preludio del espectáculo nocturno que tendrá lugar después.

Cruce de civilizaciones

En Jerusalén se cruzará por las calles con una variedad de viandantes de todo tipo de razas, etnias y culturas. Militares con fusiles de asalto, niños en brazos de sus padres y carritos con bebés, jóvenes haciendo la mili –que es obligatoria y dura 3 años para los hombres y 2,3 para las mujeres–, ultraortodoxos con filacterias, hindúes con saris, armenios, barbudos ortodoxos con largas sotanas y mujeres árabes con pañuelo o hebreas con el cabello cubierto.

Todo está tan cerca que, a lo largo de casi cualquier recorrido y entre los mercados se cruzará varias veces por la Vía Dolorosa, 14 estaciones que recuerdan el camino que Cristo siguió antes de ser crucificado.

Interior del Santo Sepulcro, tumba de Cristo.
Interior del Santo Sepulcro, tumba de Cristo.

Cuando quiera hacer un alto, podrá tomar excelentes zumos de naranja recién exprimidos, limonada con hierbabuena o sentarse en típicos restaurantes que combinan la cocina mediterránea con la gastronomía de los judíos de cualquier lugar de la diáspora.

Anímese a probar kugel (budín cocinado al horno con verduras), falafel (croqueta de garbanzos que se sirve con salsa de yogur), ensaladas y pistos con berenjenas y remolachas, humus (crema de garbanzos con aceite y limón), pan de pita o kadaif (fideo fino en salsa dulce o picante).

Aquí las piedras sagradas, además de hablar, se dan la mano. Del lugar en que Salomón edificó el templo (950 a. C.), el que destruyó Nabucodonosor (587 a. C.), reconstruyó Nehemías (445 a. C.), embelleció Herodes y derribó el emperador romano Vespasiano (70 d. C.) solo quedan los muros de contención. Con los años, en la parte occidental, 485 metros se convirtieron en lugar de peregrinación judía.

Kotel está abierto 24 horas aunque para acceder tendrá que pasar un control policial. Merece la pena recorrer sus túneles porque ayuda a comprender la historia, la ingeniería y la expansión de la ciudad amurallada. Son un buen ejemplo de cómo bellos lugares se han construido con las ruinas de otros. Es un lugar de oración, donde los hombres cubren su cabeza con la kipá y rezan separados de las mujeres. Las plegarias, mayoritariamente, son de pie y en movimiento. Y antes de irse depositan en los huecos de la piedra sus peticiones por escrito.

Tres veces santo

El Muro de las Lamentaciones linda con la explanada del templo, sobre el Monte Moriah. Un lugar donde se ha comunicado tres veces el cielo con la tierra. Según la Escritura, allí Dios probó a Abraham pidiéndole en sacrificio a su único hijo Isaac, deteniendo su mano un ángel. Jacob recibió la promesa de Dios de que la tierra en que estaba acostado se la daba a él y a su descendencia. Y para los musulmanes, Mahoma subió a los cielos a lomos de un corcel.

En este espacio hay dos mezquitas, la de Al-Aqsa y el Domo de la Roca, cuya cúpula dorada es visible desde muchos puntos de Jerusalén. En las entradas y salidas hay guardias jordanas.
Justamente en una de las laderas del monte Moriah está el Calvario o Gólgota, donde fue crucificado Jesucristo. Es aquí donde termina este viaje, en la iglesia del Santo Sepulcro, que alberga las cinco últimas estaciones del vía crucis.

Madrugue. Está abierta desde las 5.30. Le sorprenderá el fervor de jóvenes y ancianos, cuyos ropajes reflejan que han venido de todas partes. Los verá encender velas, postrarse en las capillas y rezar en cientos de lenguas ante la tumba de Jesús, esperando la resurrección.

El ‘sabbat’ y la comida ‘kosher’

Puestos callejeros.
Puestos callejeros.

B. B. / Jerusalén


La capital israelí dispone de 9.000 habitaciones, repartidas a lo largo de 90 hoteles, ultramodernos, de lujo o más modestos. Las principales cadenas internacionales cuentan con establecimientos en la ciudad sagrada.

Entre las compañías locales destaca Dan Panorama. En su hotel de Jerusalén, un cinco estrellas, la noche en habitación doble está disponible a partir de 288 euros. Sobresale por su excelente ubicación, buena gastronomía y cálido servicio.

A los que visiten Jerusalén por primera vez les sorprenderán las leyes alimentarias judías religiosas, que son respetadas por la inmensa mayoría de los hoteles y restaurantes en Israel. Solo comida preparada bajo supervisión rabínica es considerada kosher.

Las normas de la Torá prohíben comer cerdo, liebre, camello, marisco y aves carroñeras y la combinación de carne con cualquier tipo de lácteo. Así, no se verán quesos, salsas o yogures a la hora de comer o cenar y sí en el desayuno, pero en un lugar apartado de la carne.

El día de descanso es el sabbat, comprendido entre la caída del sol del viernes y el anochecer del sábado. En ese tiempo la comida se toma fría pues no se puede cocinar, ni encender el microondas, por lo que casi todos los establecimientos de comida kosher fuera de los hoteles están cerrados.

En la oferta gastronómica, una buena elección es el restaurante Adom, situado en la antigua estación de tren, hoy rehabilitada para ocio, y en la zona nueva, Olive Fish, muy apreciado por los jerosolimitanos.

Imprescindible

El Al vuela directo (cinco horas) desde Madrid, Barcelona y Málaga (desde 348 euros ida y vuelta).

OTROS. También operan a Tel Aviv Iberia, Vueling Air Europa y Norwegian. Se aconseja un seguro de viajes (siete días con Intermundial por 35,61).

COMPRAS. El recorrido por la Vía Dolorosa atraviesa el mercado árabe, shuk, con tradicionales puestos callejeros. Para apreciar las verduras, especias y pescados locales lo aconsejable es recorrer el mercado Mahane Yehuda.

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