Las mujeres y su falta de apetito por las ‘startups’

Solo el 36% del mercado emprendedor corresponde a féminas.

La falta de ambición de la mujer es una de las razones que alegan los expertos

mujer
THINKSTOCK

Las preguntas son sencillas: ¿por qué hay tan pocas mujeres al frente de startups en España? ¿Por qué este tipo de iniciativas empresariales de éxito están lideradas por hombres? ¿Por qué ellas no desean crear empresas que lleguen a ser unicornios dentro de su sector? Sin embargo, las reflexiones sobre este tema son dispares, aunque lo cierto es que el perfil del estartapero en España no habla en femenino, sino que se trata, según un estudio de Spain Startup, de un varón, de entre 25 a 34 años, con estudios universitarios y formación de posgrado, con experiencia laboral por cuenta ajena, y con hambre emprendedora. “Cierto es que en el nivel de primer ejecutivo no son muchas las que asoman, aunque en otros puestos sí que asumen roles, pero no ejercen el papel de consejero delegado, aunque formen parte del nacimiento de una startup”, explica Clara Jiménez, directora de innovación de Accenture, que justifica la escasez de féminas al frente de este tipo de organizaciones porque “a la mujer le gusta centrarse en aquel conocimiento en el que se siente segura, y cede al compañero de aventura emprendedora el papel de consejero delegado”. En este sentido, apunta que por su forma de ser a una mujer le gusta el orden, mientras que ellos se sienten cómodos en el caos.

Sobre estas diferencias reflexiona Alberto Knapp, fundador de The Cocktail, consultora especializada en transformación digital: “Los hombres son más confiados y pueden parecer mejores, algo que se puede confundir con la capacidad, pero las mujeres trabajan desde esa capacidad, han de estar seguras de que lo van a hacer bien antes de lanzarse a emprender”. Tal vez por ello, por esa falta de seguridad ante lo desconocido que deben asumir los emprendedores, no se lancen a la aventura de liderar startups de éxito. “Para ello se requiere sobre todo de confianza y de negación del fracaso, además de capacidad para asumir riesgos”, afirma Knapp.

Otro inconveniente se encuentra en la falta de referentes femeninos al frente de este tipo de empresas. “Solo he visto a una mujer, de 39 años, decir que quería convertir su startup de energía en la primera unicornio de España [aquellas que valen más de 1.000 millones de dólares]”, recuerda Carlota Mateos, fundadora de Rusticae, que acaba de montar PlenEat. Se refiere a Carlota Pi, fundadora y consejera delegada de la comercializadora de electricidad Holaluz, cuya ambición y deseo de cambiar la relación del cliente con las compañías eléctricas, le hizo iniciar el camino del emprendimiento, junto a dos socios varones, Oriol Vila y Ferran Nogué, todos ellos ingenierías industriales y compañeros de MBA en el IESE. Muy decidida, tal y como señaló en una mesa redonda sobre emprendimiento celebrada en el campus de la citada escuela de negocios, no le tiene miedo al riesgo ni al fracaso, y cree ante todo en la perseverancia para conseguir aquello que se quiere lograr.“, asegura Carlota Mateos

Lamentablemente, Pi es una excepción dentro del ecosistema estartapero porque la mayoría de las mujeres carece de ese empuje para liderar proyectos de esta envergadura. Una pena, porque, según Carlota Mateos, no hay que temer sacar adelante una iniciativa empresarial si se cree en ella. Y cita como ejemplo el suyo: después de 20 años al frente de una empresa como la plataforma de hoteles con encanto, sintió la llamada de empezar de cero cuando le hablaron de otra idea: llevar a los comedores de empresa comida ecológica. “Me ha llegado en el momento más bonito, además sentí que era el proyecto en el que quería estar en estos momentos, y para el que acabo de levantar una ronda de financiación de 440.000 euros”, asegura. Por tanto, señala, queda desterrada otra de las creencias que puede existir sobre si los inversores confían más en los varones que en las mujeres. “Se confía en nosotras. He conseguido esa financiación porque genero confianza, ya que una startup es una previsión, no es una realidad, y el inversor pone el dinero porque confía en el gestor. Es el elemento diferencial, además de la idea”, añade.

En esta idea también coincide la directora de innovación de Accenture, que cita el caso de la joven emprendedora Izanami Martínez, quien en 2011 montó Nonabox, un portal donde los padres podían comprar lo que necesitaban para sus bebés, quien consiguió atraer con su business plan al inversor Luis Martín Cabiedes. “Se invierte siempre en el equipo, sea hombre o mujer, porque lo que se valora es que el proyecto tenga salida”, afirma Jiménez. Por tanto, no es el miedo al rechazo por parte de los socios financieros, sino que se trata de falta de ambición. “La mujer lo es menos que el hombre, y eso es así, no es una cuestión de educación. Lo veo en el entorno corporativo también. Además, la vida del emprendedor es dura, hay que tener disponibilidad las 24 horas los siete días de la semana”.

Del anterior discurso difiere la consejera delegada de Womenalia, red de mujeres profesionales que tiene adscritas a 500.000 personas, María Gómez del Pozuelo, quien maneja los siguientes datos: solo el 36% del mercado emprendedor corresponde a féminas, y de este porcentaje tan solo el 8% corresponde a startups tecnológicas. “Esto es muy poco, ya que son este tipo de compañías las que son globales, tienen futuro y levantan rondas de capital interesantes”. Y aporta otro dato más: tan solo uno de cada 28 millones de dólares que se destinan a startups va a parar a un proyecto liderado por mujeres. “Ellas suelen presentar proyectos relacionados con productos y servicios, y el 80% de los inversores o de los miembros del comité que decide en qué se invierte son hombres, que no entienden las ideas que proponen las mujeres”, explica Gómez del Pozuelo, que demanda que haya mayor presencia femenina precisamente en el mundo de la inversión, pero sobre todo en los consejos que deciden el destino de los fondos.

En su opinión es importante que el perfil emprendedor siempre vaya acompañado de una serie de elementos que favorezcan el desarrollo de esta actividad, “como es que todo tu entorno te apoye, y que a nivel económico el hecho de montar una empresa no sea un trauma familiar, que modifique hábitos o costumbres”, señala la consejera delegada de Womenalia. La perseverancia es clave, ya que “el que llega es que aguantó, el que resistió, y eso es muy importante”, dice esta experta, que advierte que no todo el mundo sirve para emprender. “Hablo por experiencia, es lo más difícil que he hecho en la vida, y ese es un paradigma que también se debe cambiar, porque montar una empresa no es la solución para tener un trabajo debido a la crisis”, afirma.

El ámbito educativo debe asumir un papel decisivo en la familiarización de las mujeres con los entornos tecnológicos. “Se debe educar en áreas tecnológicas, a la vez que hacerle ver a la mujer que debe tener ambición para llegar a lo más alto, como lo hace el hombre”, señala la directora de innovación de Accenture, quien cree que la desmotivación se debe, entre otras razones, a la complejidad de las carreras de tecnología. “Yo estudié Ingeniería de Telecomunicaciones y éramos pocas mujeres estudiando una carrera durísima, que luego echa para atrás el mercado con las salidas profesionales que ofrece. Son carreras muy largas y duras y el mercado no te lo reconoce después. Te garantiza tener trabajo pero no mejor trabajo”, explica Clara Jiménez.

El escenario futuro presenta las mismas sombras, pero también alguna que otra luz encendida, que puede animar a que de aquí a unos años haya startups potentes o unicornios, como desea Carlota Pi con la suya. Porque “al madurar el contexto digital lo tecnológico dejará de ser el único eje importante, habrá más empresas de que no solo tengan esa base, por lo que habrá una mayor diversificación, como también lo habrá en cuanto al liderazgo”, matiza Alberto Knapp, fundador de The Cocktail.

Normas
Entra en El País para participar