El cambio de Macron en Francia quizá no sea el esperado

Las negociaciones con el Parlamento podrían socavar el papel del presidente

Corre el riesgo de participar en un regateo indecoroso

El Palacio del Elíseo, residencia del presidente de Francia, el sábado.
El Palacio del Elíseo, residencia del presidente de Francia, el sábado.

La suerte, tanto como el talento, ha impulsado a Emmanuel Macron a la presidencia francesa. Necesitará ambas a paladas si quiere ser aclamado por algo más que derrotar a la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen. En el mejor de los casos, impulsará reformas limitadas. En el peor, corre el riesgo de socavar el sistema presidencial.

El exbanquero ganó con casi dos tercios de los votos, una hazaña notable para su movimiento En Marche!, que se creó hace poco más de un año. Es un rechazo a los populistas euroescépticos, pero también refleja la desilusión generalizada con el sistema.

Los principales partidos políticos intentarán ahora reconstruirse a tiempo para las legislativas de junio. Macron también presentará candidatos, pero puede que no consigan tanto éxito como su fundador. Eso deja dos opciones al presidente electo.

Una opción es trabajar con el grupo que gane más escaños –probablemente el centroderecha de Los Republicanos– . Otra es reunir una coalición de reformadores con ideas similares, tanto de Los Republicanos como socialistas, para impulsar unas pocas medidas en las que todas las partes puedan estar de acuerdo, como bajar la fiscalidad del trabajo, algunos recortes de gastos y más inversión pública.

En cualquier caso, Macron corre el riesgo de parecer en deuda con el sistema que rechazaron los votantes. Y aunque una alianza entre partidos encaja mejor con su discurso ni de izquierdas ni de derechas, podría volverse caótica rápidamente. Las negociaciones podrían degenerar rápidamente en un regateo indecoroso sobre cargos y políticas.

Sería un golpe potencialmente letal para la opinión pública sobre el cargo de presidente. La mística del poderoso cargo consolidado por Charles de Gaulle fue reforzada por figuras como François Mitterrand. Aunque se debilitó con Hollande y Sarkozy, ninguno de los tuvo que participar en un regateo público.

El candidato de extrema izquierda Jean-Luc Melenchon ha defendido que se reescriba la constitución para limitar el poder del jefe de Estado y aumentar la influencia del Parlamento. El riesgo de la impresionante victoria de Macron es que termine reforzando los argumentos para tal cambio.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de Cinco Días.

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