Alierta se despide de Telefónica: adquisiciones, dividendos y azote de Google

Devolvió el pago de dividendo tras la cancelación en la era Villalonga

Es todavía el primer accionista privado de la operadora

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César Alierta. Reuters

César Alierta se ha despedido del consejo de administración de Telefónica, al que llegó en enero de 1997, tras la privatización total de la compañía. Son por tanto 20 años en el máximo órgano de gestión de la operadora española, 16 de ellos como presidente. Un periodo de tiempo como consejero solo superado por Isidro Fainé y Antonio Masanell, representantes de La Caixa, que se incorporaron en 1994 y 1995, respectivamente.

El directivo aragonés, máximo responsable de Tabacalera entre 1996 y 2000, llegó a la presidencia de Telefónica tras el agitado mandato de Juan Villalonga, que se vio forzado a dejar el cargo tras su fallido intento de fusionar Telefónica con la holandesa KPN, y después del escándalo de las stock options.

Alierta, un ejecutivo de gran experiencia en el mundo financiero y bursátil, impulsó como presidente el crecimiento de Telefónica, a ambos lados del Atlántico. En Latinoamérica, la compañía acordó la compra de las filiales latinoamericanas de la estadounidense BellSouth, la adquisición del 50% de Vivo que estaba en manos de Portugal Telecom y más recientemente la compra de GVT a Vivendi.

En Europa, Telefónica afrontó las compras de Cesky Telecom, con la que se situó en la República Checa y Eslovaquia, y O2, la mayor de la historia de la empresa, que abrió las puertas de Alemania, Reino Unido e Irlanda. Además, Alierta impulsó la alianza con China Unicom, de la que el grupo llegó a tener el 10% del capital, y la entrada en Telecom Italia, de la que finalmente se marchó por el rechazo local. En la actualidad, Alierta permanece como consejero de China Unicom.

Además, Alierta devolvió el pago de dividendos, cancelados por Villalonga, que en su presidencia apostó por la fórmula de las ampliaciones de capital liberadas. El directivo zaragozano, que impulsó una política de alta y creciente retribución a los accionistas, siempre insistió en el compromiso de la empresa con los inversores.

Las adquisiciones provocaron un fuerte aumento de la deuda, que llegó a superar los 58.000 millones de euros en 2012. Telefónica, acuciada por la crisis financiera, se vio obligada a cancelar el pago de dividendos durante un año, cuando la empresa se preparaba para abonar la cifra récord de 1,75 euros por acción, y a poner en marcha una agresiva estrategia de venta de activos.

Telefónica llegó a controlar su deuda, pero las adquisiciones de la citada GVT y de E-Plus en Alemania volvieron a forzar al grupo a desinvertir. La compañía trató de vender la filial británica a Hutchison, pero la Comisión Europea decidió bloquear la transacción, apenas unas semanas después de que Alierta dejara la presidencia en favor de José María Álvarez-Pallete.

César Alierta fue sustituido por Pallete en abril del pasado año, si bien permaneció como miembro del consejo de administración. Además, mantuvo el cargo de presidente ejecutivo de la Fundación Telefónica, en la que ha impulsado grandes proyectos de educación en el ámbito digital en Latinoamérica.

En su trayectoria, Alierta ha sido uno de los grandes críticos con las grandes compañías de internet como Facebook, Apple y Google (llegó a decir en una junta de accionistas que su teléfono era una carraca y que así nadie podía conocer su vida privada). Además, fue de los directivos más agresivos en reclamar a la Comisión Europea que facilitase el proceso de consolidación del sector.

Con casi 16 años como presidente, Alierta es el tercer presidente más longevo de Telefónica, solo superado por Estanislao de Urquijo y Ussía, que estuvo 21 años en el cargo, y José Navarro Reverter, presidente entre 1945 y 1965.

En la actualidad, Alierta se mantiene como el primer inversor privado de Telefónica, con algo más de 5,5 millones de acciones (también lo fue durante bastantes años de IAG, de la que era consejero).

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