El Gobierno opta por desmantelar Castor tras un informe alarmante del MIT y Harvard

Dicen en su informe que desestabilizó la gran falla de Amposta

Contradice así a cinco organismos científicos españoles

Contra todo pronóstico, el Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT) y la Universidad de Harvard han concluido que los seísmos desencadenados tras el llenado inicial de gas del almacén Castor en octubre de 2013 tuvieron su origen en “la desestabilización y el estrés” de la gran falla de Amposta frente a Tarragona.

 Así lo han anunciado hoy representantes de estas dos instituciones en la presentación del informe sobre la viabilidad técnica encargado a finales de 2015 por el Gobierno del almacenamiento ubicado a 20 kilómetros de Vinaroz, que ha costado 600.000 euros. Esta conclusión contradice los estudios realizados por los científicos españoles del Instituto Geográfico Nacional (ICN), que gestiona la red de alertas sísmicas; el Instituo Geológico y Minero de España (IGME); el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Instituto Geofísico de Andalucía, entre otros, que coincidieron en que el problema no estuvo en la falla de Amposta, sino, quizás, en una menor no cartografiada, la de Castor.

El informe ha servido al Gobierno para optar por el cierre definitivo de la planta y, en su caso, por el desmantelamiento. Según aseguró el secretario de Estado de Energía, Daniel Navia, en una rueda de prensa en el ministerio, este ha encargado un primer estudio de ingeniería y otro económico posterior para decidir “cuál es la opción más eficiente”, si el desmantelamiento de Castor o mantenerlo hibernado como hasta ahora, bajo la gestión de Enagás. El operador del sistema recibió la titularidad de la planta tras su rescate financiero y cobra más de 15 millones anuales por su mantenimiento (el rescate financiero costó 1.350 millones, más intereses del 4,3% que pagan los usuarios de gas). Navia habló de “prudencia” y reiteró que se trata de preservar la seguridad de las personas y el medio ambiente.

Ante la pregunta de si los cinco organismos científicos españoles se han equivocado, los representantes del MIT, Rubén Juanes y el de Harvard, John H. Shaw, asistentes a la rueda de prensa, argumentaron que estos no tuvieron tanto tiempo como ellos para investigar; que han utilizado unmodelo tridimensional que ha tenido en cuenta los efectos si se hubiese llenado completamente el yacimiento. En definitiva, que han utilizado “estándares” desconocidos hasta ahora.

Al no disponer de la información utilizada por ellos, estos profesores y el propio secretario de Energía, exculparon a los responsables políticos que autorizaron la construcción de Castor, así como a su promotora, Escal, participada por ACS (en un 66,7%) y la canadiense Escal (33,3%. “El nuestro es un estudio postmortem utilizando nuevos paradigmas, antes no era posible determinar el efecto de la inyección de gas”.

El MIT y Harvard son tajantes, sin embargo, al asegurar que su puesta en marcha “desestabilizaría aún más la falla”, con seísmos que podrían llegar a 6,8 grados en la escala de Richter. Por ello recomienda que se apliquen los nuevos estándares ideados por ellos para nuevos emplazamientos, si bien, Navia descartó que se auditen con ellos los existentes en tierra, como el polémico de Yela.

Borrón y cuenta nueva

Aunque el secretario de Energía insistió en que el informe del MIT sobre Castor no tenía como objetivo dilucidar responsabilidades, reconoció que con la información disponible cuando se autorizó el proyecto, era “difícil saber si se podían garantizar la seguridad de la personas”. Daniel Navia aseguró que el informe será remitido al juzgado de Vinaroz que investiga posibles responsabilidadaes penales por Castor.

Los representantes del MIT y Harvard subrayaron que ellos habían tenido dos años para elaborar el estudio, frente al tiempo menor de otros organismos españoles, que no concluyeron que el origen fuese la falla de Amposta. Ambas instituciones americanas dicen haber “integrado distintas líneas de investigación”, si bien, reconocen que los datos utilizados son los de estos estudios y los recabados por Enagás de la propia Escal, principalmente. Entre las dificultades de las investigaciones españolas es que la estación de medición sísmica más cercana está a centenares de kilómetros, señalan.

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