La última oportunidad de consolidar el proyecto europeo

Europa necesita acelerar la integración económica y fiscal, e implicarse en su defensa

El candidato socioliberal a las elecciones presidenciales francesas, Emmanuel Macron, celebra su victoria en la primera ronda de las elecciones en París (Francia).
El candidato socioliberal a las elecciones presidenciales francesas, Emmanuel Macron, celebra su victoria en la primera ronda de las elecciones en París (Francia).

Comentaba siempre un viejo diplomático francés que los europeos nunca arreglaremos del todo el proyecto de convivencia común en el que estamos embarcados desde el Tratado de Roma, pero que tampoco lo romperemos del todo, porque sabemos lo que nos jugamos. La última crisis financiera puso en evidencia las fugas de agua que tiene el edificio comunitario, y que se han suturado de urgencia a medida que afloraban, y las secuelas de la recesión están poniendo a prueba la continuidad del proyecto comunitario sistemáticamente, con el airado adiós británico y las crecidas nacionalistas y populistas en Francia, Italia, Holanda, Alemania o España. La historia tiene una enfermiza tendencia a repetirse y no suele dar siempre segundas oportunidades. El resultado electoral francés de las presidenciales, si termina colocando a Emmanuel Macron en el Elíseo, seguramente será la última oportunidad de Europa de esquivar el fatalismo e impulsar el proyecto europeo, dotando a su ciudadanía de las herramientas que le faltan para resistir en el futuro todas las embestidas disolventes que se presenten.

Macron, convencido europeísta, necesita que Alemania mantenga su apuesta por Europa tras los comicios de otoño, y con un reforzamiento del eje franco-alemán, culminar la Unión Monetaria; crear la unión fiscal con instrumentos impositivos unitarios y un presupuesto comunitario poderoso; revisar los instrumentos de poder para hacer una unión política operativa y ejecutiva reconocida por toda la ciudadanía, sea con una o con dos velocidades, y hacer frente de una vez a lo que desde fuera y desde dentro se demanda: una implicación colectiva en la defensa de Europa como espacio de democracia abierta y de libertad económica, sobre todo ahora que los nacionalismos autoritarios acechan por el este y los aislacionismos atlánticos por el oeste. Muy pocos ciudadanos europeos, sean de la nacionalidad que sean, pueden decir que la Unión Europea no le ha reportado beneficios. Esa idea, de la que muchos parecen dudar porque solo echan una simple cuenta monetaria, tiene que se reforzada y de manera acelerada. La historia no espera eternamente.

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