Antena de telecomunicaciones de Cellnex, bajo el Pirulí (Madrid).
Antena de telecomunicaciones de Cellnex, bajo el Pirulí (Madrid).

La asignatura pendiente de la empresa española

La digitalización exige inteligencia, superación y un objetivo claro. España lo tiene todo

Hay 500.000 ingenieros del país trabajando en medio mundo

Mi primer informe económico lo escribí con máquina de escribir y papel de carbón. Mi madre tuvo la presciencia de enviarme a un curso para ser muy rápido con el teclado. Era el llamado método ciego. Nunca se lo agradeceré suficientemente. Creo que la medida del éxito eran las 200 pulsaciones por minuto.

En 1990 –como todo Occidente en el lugar de trabajo– me encontré un ordenador en mi mesa de trabajo. Me costó aprender a usarlo, pero cuando apareció internet, la combinación de ambos –y las 200 pulsaciones por segundo en el teclado– nos hicieron a todos más productivos y competitivos. De hecho, a la década de los noventa, unos la denominan como “la de la computación” y otros, “la tercera revolución industrial” (Klaus Schwab) fundador del World Economic Forum, quien acaba de publicar una obra titulada La Cuarta Revolución Industrial.

Los Estudios de la OCDE (ICTNET, 2016), del Banco Mundial, del FMI, del WEF, de la Comisión Europea, del BCE y la FED, entre otros muchos, demuestran empíricamente que, durante la década de la computación, se produjo el mayor crecimiento económico y creación de empleo de calidad de la historia. Es relevante destacar que Norteamérica, con Clinton, apostó por las TIC para aumentar un 20% la productividad empresarial –de manera especial en la pyme, 99% de su tejido empresarial– mientras Europa apostó por reconversiones industriales, Europas de dos velocidades, desarrollo de infraestructuras, cambio de procesos empresariales y jubilaciones anticipadas y, en consecuencia, en la misma década, la productividad empresarial europea no excedió el 3,4%.

Fueron los tiempos del ordenador en la empresa conectado a internet; de Windows (rey de los sistemas operativos), con Intel monopolizando el mercado de microprocesadores, con Nokia en las manos del 94% de los que usaban teléfonos móviles…; las empresas informáticas (IT) vivieron un momento glorioso, especialmente las norteamericanas, vendiendo ordenadoras e impresoras (HP, Dell, Packard Bell, Toshiba, Sony, etc), grandes sistemas (IBM, HP, Sun), software de gestión empresarial como ERP, SCM, BI, Bases de datos, Datawarehouse, etc (SAP, Microsoft, Oracle, que compró docenas de compañías), conectividad (Cisco, 3Com), las primeras tabletas (Palm, adquirida por HP), almacenamiento (EMC, Net-Appliance), etc.

Y, de repente, llegó la cuarta revolución industrial. A la sopa de letras de más arriba –TIC compite en verborrea con lo que vende Wall Street– ahora hay que añadir conceptos nuevos que, adelanto, tienen un paraguas que los aúnan: la digitalización, que afecta a la economía, las empresas, los autónomos (55% del total de empresas de nuestro país, DIRCE-INE 2017), las grandes empresas, el sector público, la sociedad y el mundo del trabajo y las profesiones. Hoy se nos habla de movilidad, de big data, de cloud computing, inteligencia artificial, robótica o impresión 3D: he visto, desde la fabricación de gominolas en Dubai, a la construcción de casas en Los Ángeles: las primeras, la comí, las segundas, obviamente, no, porque eran de tamaño real.

El siguiente gran reto de la empresa, el trabajador, la Administración y la sociedad españolas será la digitalización. ¿Será fácil? En mi opinión, sí, aunque trabajoso y, siempre y cuando se pongan los mimbres adecuados o aceleradores positivos, en vez de palos en las ruedas.

Tenemos tres ventajas: los españoles somos listos y trabajadores, queremos mejorar y sabemos de dónde partimos. Aquello de que “los de fuera son siempre los mejores y nosotros un copy-paste”, me suena tan aberrante como las declaraciones del tipo de Bruselas que dijo que los países del sur de Europa nos gastamos (su) dinero en “copas y mujeres”. Como decía mi maestro en sociología, “cuéntame otra, que ésta ya me la conozco”. En Alemania salen de trabajar a las cinco y en España salimos a las ocho. Y no es que nosotros seamos más tontos o ellos estén más digitalizados: simplemente –dejando de lado costumbres y principios, valores culturales, etc-–, nuestros modelos productivos son distintos y el nuestro es muy intensivo en trabajo por ser –en un 74%–, una economía de servicios.

Sabemos dónde estamos. El ministerio que dirige Álvaro Nadal, INE, Banco de España, la CNMC nos dicen cada año –desde la puesta en marcha de la agenda digital en 2012– el grado de tecnologización de la sociedad y empresa españolas. Ejemplo: hoy, el 98% de las empresas tienen ordenador con conexión a internet, al igual que el 74% de los españoles. El DSL decrece y aumenta la fibra óptica: Telefónica ha hecho llegar la fibra a casi 20 millones de hogares y compartirá su red con Vodafone. El 47% de la pyme usa las redes sociales para darse a conocer y el comercio electrónico, en 2016, aumentó un 15%, hasta los 20.000 millones de euros. El 67% de los internautas accede a redes sociales y, según la Fundación Telefónica, el 64% de nuestros mayores usa una tableta. Son simples ejemplos que ilustran, someramente, que estamos preparados para dar el salto a la digitalización. Obstáculos los habrá siempre, pero están localizados y son salvables.

Un estudio de reputación de empresas en España citaba 48 empresas extranjeras y dos españolas como las más reputadas. Que se sepa, han sido Samsung o Wolkswagen quienes han tenido problemas reales que han derivado en crisis reputacionales. La empresa española –también la multinacional– hace muchas cosas bien: Telefónica aportando al PIB, CaixaBank con la innovación y Obra Social, Abertis con las infraestructuras, Cellnex Telecom con las Smart cities, Gas Natural Fenosa con las energías renovables, El Corte Inglés con el e-commerce, etc.

Los españoles no somos los últimos de la clase. Tenemos medio millón de ingenieros trabajando por medio mundo. Varios asesores de Mark Zuckerberg (Facebook) en digitalización, son españoles. Según la Radiografía de la pyme de Sage España, la pyme da importancia de 70,6% a las TIC para mejorar su gestión. Durante la crisis, el principal problema para informatizarse fue la falta de financiación: hoy está en cuarto lugar (Estudio Advice de éxito empresarial).

La asignatura pendiente de la empresa española es la digitalización. Solo falta la comunicación asociada a la formación para sacar matrícula de honor.

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