Popular baraja emitir convertibles en vez de hacer la macroampliación

Saracho mantendrá Pastor y Portugal en la órbita de Popular

Potenciará su negocio con pymes y pretende bajar cada trimestre unos 400 millones sus inmuebles

Banco Popular
El presidente del Banco Popular, Emilio Saracho, ayer en su primera junta de accionistas. EFE

El presidente de Banco Popular, Emilio Saracho, tiene claro el modelo comercial que quiere implantar en la entidad financiera, quiere recuperar la esencia de cercanía y sencillez que representaban inicialmente las cajas de ahorros, y en algún momento también esta firma financiera. Quiere impulsar el banco volcado en pymes y familias, vinculado al mundo rural, aunque sin olvidar el urbano. De hecho, su principal competidor en este terreno es CaixaBank y el resto de las antiguas cajas de ahorros, menos que Santander, BBVA o Bankinter, explican fuentes financieras.

El objetivo es lograr activar más su negocio comercial y finalizar las ventas de filiales que hay sobre la mesa para, después, iniciar un proceso para ampliar capital lo menos posible. Su idea, de hecho, es apelar al mercado en alrededor de 1.000 o 1.500 millones como tope. Aunque todo depende de las ventas que haya logrado ejecutar en los nueve primeros meses del año, y que serán las que marquen la cifra que Popular debería captar entre inversores para reforzar capital.

Pese a su decisión de vender todos los activos no estratégicos, Saracho ha decidido mantener algunos con los que el mercado había especulado con su posible venta tras haberse interesado bastantes firmas por ellos. Este es el caso de Banco Pastor, entidad que aún tiene ficha bancaria y podría ponerse a la venta, ya que el mercado gallego siempre ha interesado a varias firmas españolas con poca presencia en esta comunidad autónoma, caso de BBVA, que estuvo muy interesado en Pastor, y de hecho pujo por él en 2011, aunque la oferta de Popular fue más alta. La entidad que preside Francisco González también se interesó por Novacaixagalicia (hoy Abanca).

Santander también tiene una cuota de mercado muy limitada en esta región, lo mismo que CaixaBank, que estuvo muy activa en la subasta de la ya antigua caja gallega. Saracho, sin embargo, no entiende Popular sin el brazo gallego, razón por la que descarta su venta y así se lo está comunicando a los posibles interesados en esta red. Lo mismo sucede con las oficinas que tiene la entidad en Portugal.

El banco anunció en enero la unificación de sus negocios en España y Portugal, de forma que la actividad bancaria de Popular en el país luso se integró en la de España. El presidente de Popular, sin embargo, ha optado, como en el caso de Pastor, sacar de la lista de activos para su venta estas 165 sucursales, que suman un activo de 10.500 millones y una plantilla de 1. 159 empleados, señalan fuentes del banco.

La justificación es la misma que con Pastor, Saracho considera que esta red puede aportar más negocio al banco que beneficios su venta. Cree ahora que el negocio en Portugal es una extensión del nacional, de ahí que, salvo sorpresas, prefiera tener un banco ibérico, añaden las mismas fuentes.

La banca privada de Popular, también con ficha bancaria, ha salido nuevamente de la bolsa de filiales en venta, pero puede volver a entrar una vez que el nuevo consejero delegado, Ignacio Sánchez-Asiaín, tome las riendas del día a día de la entidad. El número uno de Popular mantiene que los clientes de banca privada del banco están totalmente vinculados a la red de la entidad, y puede que si se vende esta ficha, puedan perder clientes de rentas altas o muy altas, explican varias fuentes conocedoras de la hoja de ruta de Saracho. La cúpula del banco, en cualquier caso, mantiene opiniones distintas en cuanto a la venta de esta división de banca privada.

Popular encargó a Deloitte un teaser (como se conoce en la jerga financiera el documento que contiene e los números más significativos de una entidad y que precede al mandato formal de venta) para comprobar el interés por esta filial (un año antes ya lo había hecho también). Pero al parecer tras testar el mercado, los interesados son muchos, aunque el precio que ofrecen por esta división tampoco parece que compense, por el momento, el negocio que se puede perder.

Varias fuentes financieras insisten en que en la actualidad hay más de seis operaciones en la mesa del banco con activos para su venta, aunque solo hay dos con la orden de ejecución, que con la filial estadounidense TotalBank, que ha entrado en la recta final de venta, con ofertas ya vinculantes, y el banco Wizink, en la que Popular vende su 49% y la opción de recompra del otro 51% del capital, que se activará en enero. El problema es que el socio actual, el fondo oportunista Väde Partners, tiene derecho de veto sobre el posible comprador.

La entidad tampoco tiene previsto vender su participación del 25% en el pequeño banco mexinaco Bx+, liderado por el empresario Antonio del Valle, accionista de Popular. La razón de que no esté en venta no es otra que la dificultad que tiene esta participación para colocarla en el mercado.

Además, ha roto su alianza en crédito al consumo con el fondo australiano Pepper, al exigir capital para su internacionalización al tener que comprar entre un 5% a un 20% de las acciones de Pepper Australia. El resto de las órdenes de venta están ligadas al ladrillo. Esta es su gran baza para convencer al mercado de su saneamiento. Su objetivo antes de acudir al mercado es bajar durante tres trimestres seguidos su cartera de activos inmobiliarios en unos 400 millones de euros trimestrales.

El banco, como anunció Saracho en la junta de accionistas el lunes, pretende realizar una ampliación de capital o emitir bonos convertibles (cocos), como analiza con la CNMV, opción que parece más factible, según apuntan fuentes financieras.

 

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