Caprichos para los muy sibaritas

Detalles únicos y servicios exclusivos y sofisticados al alcance de muy pocos

Caprichos para los muy sibaritas

Los lugares más exclusivos del mundo suelen ser los más caros y suelen estar al alcance de muy pocos... o de muchos, según se mire, porque hay 14,6 millones de millonarios en el mundo y entre todos atesoran unos 54 billones de euros, según datos del World Wealth Report.

Si fantasea con vivir a lo grande y que alguien le satisfaga sus caprichos, siempre puede visionar la película de Jean Negulesco Cómo casarse con un millonario y trazar un plan. Una pista: Australia es el país que más emigrantes millonarios acogió el año pasado.

Viajar es un placer, sobre todo, si el presupuesto es lo que menos le importa. Confort y lujo suelen ir de la mano y los detalles marcan las diferencias. Así que, si tiene dinero y tiempo, haga las maletas y vuele como un jeque aunque no tenga un jet privado, sin que nadie le moleste y con mayordomo a bordo; llévese a la familia o a los amigos a remontar algún río exótico en un barco de lujo con prácticamente un tripulante al servicio de cada distinguido huésped; dé la vuelta al mundo en 21 días en un crucero aéreo; alójese en el hotel más lujoso del mundo, y cene en un restaurante bajo el mar o piérdase en una isla sin más testigos que el océano y la brisa del viento.

Pida lo que quiera por más extravagante que le parezca a los demás, ¿a quién le importa? Quien paga, manda, y si no puede darse alguno de los cinco caprichos que le sugerimos, siempre podrá soñar con ellos. No cuesta nada. Si no se consuela es porque no quiere.

La mejor suite del mundo está en el aire

The Residence
La sala de estar de The Residence, equipada con un sofá reclinable de dos asientos tapizados en piel Poltrona Frau, mesas de comedor dobles y minibar.

No tiene estrellas, pero no tiene nada que envidiar a ninguna de las exclusivas suites de los hoteles de lujo del planeta. The Residence, de Etihad Airways, es una cabina excepcional y suntuosa que incluye servicio de mayordomo y está disponible en la cubierta superior delantera de los nuevos modelos del Airbus 380, el mayor avión de pasajeros del mundo, para vuelos con destino a Nueva York –desde 9.000 euros ida y vuelta–, Londres, Bombay, Melbourne y Sídney desde Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos).

Con casi 12 metros cuadrados, a esta cabina multihabitación no le falta detalle. Diseñada para uso individual o doble, tiene una sala de estar, dormitorio para dos y cuarto de baño separados. La sala está equipada con un sofá reclinable de dos asientos tapizados en piel por la firma de diseño italiana Poltrona Frau –al igual que la cama de dos metros de largo–, mesas de comedor dobles, minibar refrigerado y televisión de LCD de 32 pulgadas.

Una puerta y un acceso separan la sala del dormitorio principal y el baño individual, con ducha y amenities de lujo. En el dormitorio hay mesita de noche y armario, un espacio habilitado debajo de la cama para guardar el equipaje de mano y otra televisión de 27 pulgadas; la ropa de cama es de Patresi, y las almohadas y edredones de lujo, de la colección Voyage de Christian Lacroix. Alfombras y detalles decorativos otorgan individualidad y exclusividad a la cabina para que el pasajero se sienta como en su propio apartamento. La suite tiene banda ancha con internet para el móvil y capacidad de data, TV en vivo, HDMI y wifi.

Los mayordomos están formados en la exigente Butler Academy del Savoy en Londres, llevan uniforme hecho a mano del diseñador italiano Ettore Bilotta y se ocupan desde antes del vuelo de cuidar todos los detalles y atender cualquier necesidad del pasajero, desde tener en la cabina sus flores preferidas a reservar limusina de lujo, hacer el checkin o planificar un menú personalizado –hay chefs a bordo a disposición del huésped–. Así que, si no tiene avión privado, ¿por qué conformarse con menos?

Navegar a todo trapo por los principales ríos del planeta

Aria Amazon
Uno de los 16 camarotes de lujo del Aria Amazon con paredes acristaladas para disfrutar de las vistas.

Ríos míticos como el Amazonas, que atraviesa parte de América Latina, o el Mekong, que divide naturalmente Vietnam y Camboya, atraen a miles de turistas cada año para remontar su cauce o simplemente observar sus caudalosas aguas o los enigmáticos paisajes que atraviesan. Los cruceros se han popularizado mucho, pero si huye de los grandes barcos de pasajeros y las rutas de siempre, busca algo sofisticado e insólito y un punto de aventura en su travesía, embárquese a bordo del Aria Amazon o del Aqua Mekong, durante al menos tres noches, para remontar el río Amazonas desde las selvas de Perú, la ruta menos conocida y menos turística, o viajar a través del Mekong para descubrir algunas de las maravillas de Vietnam y Camboya.

Son los cruceros que organiza Aqua Expeditions, con salidas durante todo el año. Los barcos constituyen un auténtico hotel de lujo flotante, incluyen un servicio personalizado y una exquisita gastronomía. El Aria Amazon, con 45 metros de eslora –62,4 en el caso del Aqua Mekong– tiene capacidad para 32 pasajeros –40 en el Aqua–, cuenta con 16 camarotes de lujo: 8 por cubierta y 4 interconectados para familias. Todas las suites tienen vistas al exterior y ventanas panorámicas, sala de estar y baño completo e independiente con ducha. 24 tripulantes acompañan y atienden las necesidades de los pasajeros.

En las áreas comunes, los barcos disponen de lujosas instalaciones, como el bar-lounge interior, comedor, lounge exterior, cubierta de observación, jacuzzi, gimnasio y boutique, a los que no les falta detalle.

Todos los itinerarios ofrecen actividades diarias y excursiones en lancha fuera del barco –incluidas en el precio–. En el caso del crucero por el Amazonas, el Aria inicia la travesía en el embarcadero privado de Iquitos hasta la reserva nacional Pacaya Samiria, la llamada selva de los espejos y considerada un paraíso; en otra escala se visita alguna de las aldeas de pescadores del río Ucayali y se hacen excursiones nocturnas. Cruceros de cuatro días/tres noches, desde 3.425 euros en la cubierta baja y 3.565 en la principal.

Dar la vuelta al mundo, pero en un crucero aéreo

Si se considera un sibarita y siempre ha soñado con dar la vuelta mundo, este puede ser el momento de emprender el vuelo en un crucero aéreo de lujo. El que organiza el turoperador francés Safrans du Monde comienza el 21 de noviembre y finaliza el 1 de diciembre a bordo del jet privado B767, que será como su hogar durante 21 días de un viaje de ensueño.

De la cosmopolita París a Las Vegas para contemplar el Gran Cañón del Colorado y el Valle de la Muerte; de la capital del juego a Honolulú (Hawái), donde le espera el excepcional parque nacional de los volcanes, y de allí a las paradisiacas islas Fiyi para tomarse un momento de relax; saltará –volando– a Melbourne, en las antípodas, con visita a viñedos y catas incluidas, y de allí viajará a Camboya para contemplar algunos de los templos más fascinantes del mundo en Angkor; los campos de arroz y las plantaciones de té le esperan en Sri Lanka para tranquilizar su alma, y la salvaje fauna y la magia del Ngorongoro (Tanzania) le dará la bienvenida a África.

Sin salir del continente, continuará la ruta hacia el norte hasta Etiopía, donde se encontraron los primeros vestigios de la humanidad. Jerusalén, la ciudad de las tres grandes religiones monoteístas –judaísmo, cristianismo e islam–, pone el broche espiritual al periplo por el mundo.

Habrá dormido en cuatro continentes y nueve destinos, con dos noches en cada etapa y escalas perfectamente calculadas para que la diferencia horaria alargue los días sin disminuir las noches. Si se decide a hacer el crucero, puede elegir entre tres categorías: el Espacio Safrans –22.900 euros por persona–, el Club Safrans –por 30.900– y el paraíso de la sofisticación y la exclusividad, la Primera Clase –48.900 euros–. Todas las modalidades son en régimen de todo incluido (todos los vuelos en el jet privado, alojamiento en hoteles de cuatro o cinco estrellas, pensión completa con bebidas incluidas, asistencia en varios idiomas, excursiones, veladas especiales y otras sorpresas). Y despreocúpese de colas, trámites o equipaje en cada aeropuerto.

Dormir en el único siete estrellas mil y una noches

Burj Al Arab
Hotel Burj Al Arab, construido sobre su propia isla artificial en Dubái.

En el Burj Al Arab todo es superlativo.Es uno de los hoteles más lujosos y caros del mundo, el único que tiene siete estrellas –aunque sea oficiosamente– y, sin duda, el más icónico del planeta, con su bello perfil arquitectónico en forma de vela sobre las aguas del golfo Pérsico. Construido sobre su propia isla artificial, a 280 km de la costa de Dubái y en un área específica con el objetivo de que su sombra no cubra la playa, mide 321 metros de altura y es también uno de los hoteles más altos del mundo y, cómo no, uno de los complejos hoteleros más caros, con un coste total de los trabajos de construcción en torno a los 609 millones de euros. No en vano se dice que en algunas de sus paredes se utilizaron láminas de oro para su decoración.

Cuenta con 202 habitaciones, todas suites con vistas; la más pequeña tiene una superficie de 175 m2 y la más grande es de 780 m2. Pasar una noche en una de ellas oscila entre los 900 y los 14.000 euros. Cada una de ellas tiene asignadas ocho personas de servicio con diferentes tareas establecidas para satisfacer al cliente más exigente. La habitación más cotizada y suntuosa es la suite real, que dispone de biblioteca y sala cine propias, dos dormitorios principales que incorporan un jacuzzi completo cada una y otros lujos que atraen a millonarios de todo el mundo. Pasar la noche allí puede costar más de 26.000 euros. Sus clientes pueden elegir entre 17 tipos de almohadas y diferentes clases de jacuzzis. Este magnífico hotel tiene un servicio de transfer formado por una flota de BMW y Rolls-Royce y un helicóptero privado que sus huéspedes pueden contratar.

Otro de sus atractivos es su famoso restaurante submarino, Al Mahara, que en realidad está sobre un espectacular acuario. Una cena contemplando todo tipo de peces puede costarle unos 200 euros por persona. Si prefiere extasiarse con una de las mejores vistas de la ciudad, otra opción es el restaurante Al Muntaha, situado a 200 metros de altura y construido sobre una plataforma voladiza que se extiende 27 metros a cada lado del mástil del edificio; se accede a él a través de un ascensor panorámico.

Robinsones de lujo al este del edén

Laucala Island Resort
El exclusivo Laucala Island Resort, donde acuden grandes fortunas y celebrities de todo el mundo.

Si alguna vez ha soñado con perderse en una isla al otro lado del mundo y sin que nadie le moleste, el atolón de Laucala, en el Pacífico Sur, es su sitio. Una diminuta isla privada de solo 12 km2 al norte del archipiélago de las Fiyi y a la que solo se puede acceder en avión privado desde el aeropuerto de Nadi, en la cercana en Viti Levu, en un viaje que dura unos 50 minutos. Un edén que sirve de retiro a ricos y famosos y es utilizado como refugio por parejas de la realeza y amantes furtivos que no quieren ser descubiertos. La isla es actualmente propiedad del multimillonario empresario austriaco Dietrich Mateschitz, dueño de la marca Red Bull, quien a su vez la adquirió a otra celebre familia de ricos, los Forbes.

Laucala es un mosaico de contrastes naturales: desde volcanes a espesas selvas, manglares, playas de cine salpicadas de cocoteros y arrecifes de coral. Para no desentonar ante tanta maravilla dispensada por la naturaleza, el Laucala Island Resort es uno de los más lujosos y sofisticados del mundo. Ubicado en el norte de la isla, está formado por 25 villas exclusivas, diferentes entre sí, algunas construidas sobre el mar o al borde de espectaculares acantilados, formidablemente equipadas con todo tipo de detalles e impresionantes bañeras de piedra en el exterior. Todas tienen jardín privado y piscinas de borde infinito que parecen confundirse con el océano. El precio por dormir una noche en alguna de ellas es desde 4.160 euros, en régimen de todo incluido, aunque la tarifa media oscila de 5.965 euros a 8.675.

El complejo, que cuenta con cinco restaurantes y varios bares, solo puede acoger a 89 huéspedes máximo, mientras que el personal de servicio para atenderlos es de 370 personas.

Si se aburre de la vida contemplativa, el hotel le ofrece todo tipo de actividades: desde buceo con botella o en un submarino único a excursiones de senderismo por la selva, rutas a caballo o practicar surf o golf en su propio campo de 18 hoyos.

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