El futuro de la UE

Londres activa el ‘brexit’ y exige a la UE un pacto comercial a la medida

May amenaza a la UE con reducir la colaboración en defensa si no hay acuerdo comercial

Merkel supedita el nuevo acuerdo a que Londres salde sus cuentas con Bruselas

El embajador británico ante la UE, Tim Barrow, entrega la petición de salida de la UE al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.
El embajador británico ante la UE, Tim Barrow, entrega la petición de salida de la UE al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. REUTERS

A las 13:29 del 29 de marzo de 2017, el embajador británico ante la Unión Europea, Tim Barrow, entregó al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, la carta por la que Reino Unido solicita oficialmente abandonar la Unión Europea.

Aquí está, son seis páginas”, señaló Tusk minutos después ante la prensa. Y tras reconocer que “no es un día feliz, ni aquí en Bruselas ni en Londres”, el presidente del Consejo Europeo se comprometió a trabajar para “una salida ordenada” con el objetivo de “minimizar los costes para los ciudadanos europeos, las empresas y los Estados miembros de la UE”.

La carta de Londres, firmada por la primera ministra británica, Theresa May, no se limita a activar el artículo 50 del Tratado de la UE, que permite a un Estado miembro salirse del club en un plazo máximo de dos años. May también plantea de manera taxativa sus exigencias para la inminente negociación y traza de manera inequívoca el resultado que espera obtener Londres.

“Reino Unido quiere acordar con la UE una relación especial y profunda que aborde tanto la cooperación económica como en seguridad”, señala May.

La primera ministra deja clara la intención de Londres de aprovechar su considerable envergadura en defensa, seguridad e inteligencia para intentar arrancar a Bruselas un ventajoso acuerdo en liberalización comercial y en el sector financiero.

La seguridad de Europa es ahora más frágil que nunca desde el final de la guerra fría”, advierte May, en clara alusión a los anuncios del presidente de EE UU, Donald Trump, de replegar la presencia militar estadounidense en Europa en un momento que crece la beligerancia de Rusia.

May parece convencida partir de una posición de fuerza en el terreno de las seguridad. Y los datos parecen avalar su tesis. Reino Unido es uno de los pocos miembros de la OTAN que cumple el objetivo de gasto equivalente al 2% del PIB (con el 2,17%, en concreto). Londres pertenece al consejo de seguridad de la ONU, la única capital europea junto a París que ocupa de manera permanente ese puesto junto a Washington, Moscú y Pekín.

Reino Unido es también uno de los principales contribuyentes de Europol (la polícía europea? y participa en sus 13 proyectos prioritarios. Y la colaboración de Reino Unido es fundamental en las extradiciones, con más de 8.000 entregas a otros países e la UE entre 2004 y 2015 frente a unas 800 en sentido inverso.

May ofrece el mantenimiento de esa colaboración siempre y cuando la colaboración en seguridad vaya acompañada de un acuerdo comercial “de ámbito y ambición mayor que cualquier otro acuerdo [firmado por la UE] con anterioridad”. Y ese acuerdo a la media de Reino Unido debería cubrir, según May, “sectores cruciales” como “los servicios financieros y las industrias en red [como telecomunicaciones, transporte aéreo o energía]”.

Y May se despide de los 27 advirtiéndoles del riesgo de rechazar su oferta de en una coyuntura como la actual, de creciente proteccionismo e inseguridad. “Debilitar nuestra cooperación para la prosperidad y la protección de nuestros ciudadanos sería un costoso error”, señala la primera ministra.

Merkel pide cuentas

La activación del brexit provocó un aluvión inmediato de reacciones, por parte de Gobiernos, instituciones comunitarias, patronales empresariales y organizaciones sociales.

Los 27 socios de la UE emitieron un comunicado en el que acusan recibo de la petición de salida de Londres y se comprometen a “responder con unidad y a preservar nuestros intereses”.

Desde Berlín llegó una valoración más política, con la canciller Angela Merkel fijando el ritmo de la negociación para evitar que lo marque May. “Primero”, dijo Merkel, “las negociaciones deben aclarar cómo vamos a deshacer nuestros vínculos actuales y sólo cuando eso se haya aclarado, esperemos que pronto, podremos empezar a hablar de nuestra relación futura”.

El tempus de Merkel requiere que de entrada se pacte la factura del brexit, que Bruselas cifra en 60.000 millones de euros a cargo de Londres como consecuencia de la ejecución de partidas de gasto comprometidas durante su pertenencia al club. El segundo punto a resolver es la situación de los 2,8 millones de ciudadanos comunitarios que residen y trabajan en Reino Unido.

El equipo negociador de la UE confía en resolver ambos asuntos a finales de este año, lo que permitiría negociar la nueva relación durante 2018.

Bruselas confía en que el acuerdo del brexit se cierre en octubre del año que viene, lo que permitiría su ratificación antes de marzo de 2019, cuando se cumple el plazo de dos años fijado para completar la separación. Para entonces, Londres espera contar también con un acuerdo sobre su futura relación, basada en seguridad a cambio de mercados

El Parlamento Europeo pide un 'brexit' que penalice la salida

Los líderes de los grupos políticos del Parlamento Europeo se mostraron ayer partidarios de una negociación dura con Londres, cuyo resultado deje claro que “no se puede tener las mismas ventajas dentro que fuera de la UE”. El Parlamento no participa directamente en las negociaciones del brexit. Pero deberá aprobar el resultado final, en una votación prevista para la primavera de 2019, antes de que se concluya la actual legislatura y se convoquen las elecciones europeas.

El Parlamento, al igual que Berlín, considera posible negociar acuerdos transitorios para ofrecer a Londres una perspectiva sobre la relación futura con la UE. “Pero sólo cuando se haya avanzado en el acuerdo de salida”, señala el Parlamento, en relación a la factura del brexit y a las condiciones de los trabajadores europeos.

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