Editorial

Un atractivo inversor que se consolida

El posicionamiento de EE UU como principal inversor extranjero en España constituye una oportunidad estratégica y económica de primer orden

María Luisa Poncela, secretaria de Estado de Comercio.
María Luisa Poncela, secretaria de Estado de Comercio.

La inversión extranjera en España parece haber desarrollado un músculo que ha sido capaz de funcionar incluso en medio de un entorno global complejo y con un Gobierno en funciones. Los flujos registrados el año pasado se resintieron a causa de este cúmulo de dificultades, pero lo hicieron en menor medida de lo que hubiese sido previsible en esas circunstancias. La cifra de inversión extranjera cayó un 1,2% –hasta sumar 23.476 millones de euros– en el que constituye el primer descenso registrado desde 2012. En aquel ejercicio, en lo peor de la crisis, se conjugaron una serie de factores negativos que redujeron mucho el atractivo de España como destino inversor: la amenaza de un rescate, una prima de riesgo en torno a los 700 puntos básicos, y recortes de gasto y subidas de impuestos en un intento de cuadrar el déficit público para tratar de cumplir con los objetivos pactados con Bruselas. A partir de entonces, los flujos de inversión extranjera comenzaron a crecer hasta alcanzar máximos históricos en 2015, cuando la inversión productiva –la que genera empleo y actividad y descuenta las operaciones puramente financieras– ascendió a 23.766 millones, con un crecimiento anual de casi el 18%.

La caída experimentada en 2016 se explica por el comportamiento de un comercio global que en ese año creció, por primera vez en 20 ejercicios, por debajo del PIB mundial. Si se comparan las cifras de la inversión extranjera en el mundo en ese escenario, arrojan caídas de entre el 15% y el 20% frente al descenso del 1,2% de España –que sigue siendo el noveno mayor receptor de inversiones del globo–, lo que apunta a una consolidación del interés por apostar por el país. En el análisis geográfico de esos flujos, destaca el fuerte crecimiento que ha experimentado EE UU, que ha pasado del tercer al primer puesto inversor en España, con un incremento de más del 126% y una porción del total de inversiones del 22%. También son destacables los incrementos de los flujos provenientes de Alemania, que se han disparado un 182,6%, de Reino Unido y de México.

El posicionamiento de EE UU como principal inversor extranjero en España constituye una oportunidad estratégica y económica de primer orden que es necesario aprovechar en toda su magnitud. Las relaciones políticas de Europa con Washington, que pasan en estos momentos por una compleja coyuntura, no deben obviar en ningún momento el hecho de que la primera potencia económica del mundo tiene una enorme capacidad de inversión. Si España ha logrado mantener el interés de los inversores extranjeros en una etapa de parálisis institucional, como ha sido el año 2016, apostar por aumentar y potenciar ese atractivo tiene que ser una tarea clave e ineludible en la hoja de ruta del Ejecutivo.

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