Industria farmacéutica

Las farmaceúticas pedirán al Gobierno la medición de la eficiencia sanitaria

Farmaindustria impulsa el estudio de los resultados en salud en las autonomías

En la actualidad no existen mediciones sobre cómo se abordan las distintas patologías

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Hospital de Basurto en Bilbao.

Farmaindustria ha comenzado a idear una propuesta que trasladará al Gobierno y comunidades autónomas sobre la necesidad de medir la eficiencia del sistema sanitario público. En una siguiente fase, la patronal pretende trasladar este debate a los responsables de la Administración para impulsar un modelo donde exista información sobre qué resultados se obtienen en las terapias.

Hay mecanismos y tecnología suficiente para saber qué ocurre en los hospitales y centros de salud en España. Saber cómo se tratan las distintas patologías, si se hace de forma eficiente y qué beneficios aportan las innovaciones farmacológicas. Esa es la tesis que Farmaindustria pone encima de la mesa, con la reclamación a las Administraciones públicas de que el sistema sanitario debe comenzar a medir los resultados en salud.

La industria farmacéutica ha comenzado el análisis, que se concretará en alguna propuesta de la patronal sobre cómo abordar las mediciones de los resultados en salud, una tendencia que está cruzando el Continente y muy ligada a la capacidad tecnológica de abordar la múltiple información de cada patología a través del big data, sin olvidar la necesidad de comprobar la eficiencia de los cada vez más costosos medicamentos innovadores.

Instituto Karolinska, Boston Consulting Group y Harvard ya lideran un proyecto internacional

La patronal quiere poner el asunto sobre la mesa de Dolors Montserrat, ministra de Sanidad, y de los consejeros sanitarios de las comunidades autónomas. Después llegará el momento de hacer una propuesta para el Sistema Nacional de Salud. “Es un asunto que debe ir calando poco a poco. Es necesario y posible medir los resultados en salud de cada patología”, señalan desde Farmaindustria.

La realidad del sistema sanitario es que se desconoce la eficacia de los tratamientos, su coste real, cómo se aborda cada patología, los costes de pruebas diagnósticas, por ejemplo, y no hay ni rastro de una comparación entre hospitales y comunidades autónomas. Hasta ahora ha sido complicado por la carencia de tecnología, pero desde hace años ya es posible reunir y tratar infinitos datos de millones de pacientes, aunque sea también difícil por la resistencia de los responsables regionales y gerentes de hospitales para sacar a la luz muchos de esos datos.

Las cifras

6,3% del PIB se destinó a gasto sanitario en España, según datos de la OCDE.

16.325 millones de euros en gasto farmacéutico en 2016, según datos provisionales de Farmaindustria, de los que 9.912 fue en farmacias y el resto en hospitales.

Uno de los problemas que también se encontrará este proyecto es la reticencia inicial de algunos consejeros para destinar recursos en un contexto de contención de gastos, aunque desde Farmaindustria cree que habrá territorios que impulsarán proyectos pilotos. “Más que un coste, se trata de un cambio de modelo de salud”, indican desde la patronal.

La realidad del sistema español es que solo se conoce el gasto sanitario y el coste farmacéutico, pero no datos sobre la eficacia de tratamientos y su relación con el coste. Desde Efpia, la patronal europea de la industria farmacéutica, ya se trabaja en plantear modelos para evaluar la eficiencia. Un reciente informe de la OCDE señalaba que los sistemas sanitario desaprovechan un 20% de los recursos en gastos improductivos, en procesos, pruebas diagnósticas, recursos humanos duplicados, usos de urgencias o un exceso en recetas.

Desde Farmaindustria se opina que el gasto se conoce bien, lo que no se conoce es qué se consigue. “Tenemos la necesidad de monitorizar el coste, recopilar la información sobre las distintas enfermedades, analizar sobre cómo beneficia y dar conclusiones”, señalan. Desde la patronal se destaca que ya hay comunidades autónomas que han comenzado a plantearse cómo avanzar en esta evaluación, que puede llevarles a un consumo de recursos más razonable.

El ejemplo de la hepatitis C

Un claro ejemplo sobre la falta de la medición en resultados en salud es el caso de los últimos medicamentos contra la hepatitis C, como la terapia Sovaldi (del laboratorio Gilead). En 2014 hubo un importante revuelo sobre el alto precio que la compañía pedía inicialmente –alrededor de 75.000 euros por tratamiento– con la promesa –cumplida– de un alto porcentaje de curación para unos pacientes que no tenían hasta entonces alternativa. El precio final rondó los 15.000 euros. La industria farmacéutica, además de poner una solución terapéutica, incidió en que el uso del medicamento ahorraba en el futuro gasto en el enfermo crónico, ingresos hospitalarios, cirrosis, transplantes hepáticos. Hubiera sido un buen momento, en la negociación con la empresa, para poner sobre la mesa datos sobre costes derivados de la enfermedad y la eficacia de los tratamientos. Pero nadie los tenía.

El consorcio Ichom, en el que participa la Universidad de Harvard, Boston Consulting Group y el prestigioso Instituto Karolinska de Suecia, lleva adelante un proyecto teórico sobre qué medir en estos resultados en salud. La idea es que para cada patología se recopile una maya de datos de todos los pacientes, se analice con tecnologías de big data y se lleguen a las alternativas más eficaces de tratamiento (y más eficiente se tiene en cuenta el coste). Obviamente, la industria ve con buenos ojos que además del gasto farmacéutico, se hable de lo que los medicamentos aportan.

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