Contante y sonante

Los 100 días de gracia de Saracho para completar su plan en Popular

El presidente del banco quiere utlimar una posible venta de Wizink, que le permitiría obtener alrededor de 1.000 millones de euros en ingresos y fortalecer sus ratios de capital

Banco Popular
Emilio Saracho, presidente de Banco Popular.

Interesante e importante semana para el caso Bankia y por qué no, para la imagen del Banco de España y de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Hoy comienzan a las 9:00 horas las declaraciones como imputados de la excúpula de la CNMV; mañana, el miércoles y el jueves les tocará el turno a los ya también exsupervisores del Banco de España. Fernando Restoy, exvicepresidente de este organismo cuando Bankia salió a Bolsa en julio de 2011, abrirá las declaraciones en la Audiencia Nacional. Restoy ha sido también y hasta enero subgobernador del Banco de España y ahora es presidente del Financial Stability Institute (FSI). Tra su declaración, una hora más tarde será el turno de Julio Segura, entonces presidente de la CNMV. Así, hasta llegar al jueves, día en el que declarará el exgobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, quien cerrará el desfile de exsupervisores investigados.

Las declaraciones de todos serán claves no solo para despejar si hubo o no fraude en la salida a Bolsa, con la presentación de unas cuentas de Bankia que de verdad no reflejaban su imagen fiel, sino también para aclarar el papel de los supervisores en este negativo episodio del sector financiero español, que se suma al posterior rescate de varias cajas de ahorros, entre ellas, Bankia. La credibilidad de la dos principales instituciones que velan por la salud y conducta del sector financiero estará totalmente cuestionada si finalmente se les declara culpables. Por ello sería deseable que, tras tanto tiempo transcurrido desde la salida a Bolsa de Bankia, se aclarara definitivamente este triste episodio de la banca española que no hace más que ensombrecer una etapa de la supervisión bancaria.

Por casualidades que tiene el destino, el desfile de la excúpula del Banco de España y de la CNMV por la Audiencia Nacional coincide con la visita de una representación del Fondo Monetario Internacional (FMI) para analizar en profundidad la evolución del sistema financiero español. Esta representación se reunirá con Economía, con patronales, con entidades financieras y con el Banco de España y la CNMV, entre otros. Los representantes del FMI, de hecho, ya comenzaron la semana pasada su paseo para analizar la salud de las entidades financieras. Morosidad, nivel de adjudicados y reestructurados, perspectivas de la evolución de la economía y su impacto en la banca española, como sus proyecciones de rentabilidad, forman parte del guión que seguirán en estos días. Su visita, además, coincide con los primeros síntomas de lo que se prevé una nueva oleada de fusiones, aunque sea mucho más pequeña que las anteriores (algo lógico, por otra parte, dado ya el pequeño número de entidades que existen en el sector).

De momento, todo indica que Bankia absorberá a BMN en los próximos meses. A este fenómeno le acompañará casi inmediatamente el inicio de una nueva etapa de privatización de la entidad que preside José Ignacio Goirigolzarri. El Estado controla el 65% del capital de ambas entidades y su idea es finalizar su privatización si es posible en los primeros meses de 2018, aunque tiene de tiempo hasta 2019 para su salida del capital. A ello se une ahora la ya casi segura retirada de Deutsche Bank del negocio retail en España. Pese a que el banco alemán había resistido la marcha del resto de las entidades extranjeras del negocio comercial en España, su dañada salud hace casi imposible que pueda mantenerse más tiempo como jugador en España. Varias fuentes financieras españolas aseguran que en abril se abrirá su proceso de venta, lo que será aprovechado por alguna entidad española para crecer con el banco alemán.

El FMI también pondrá especial atención en la salud y evolución de Banco Popular. Su actual presidente, Emilio Saracho, se enfrentará el próximo 10 de abril con los enfadadísimos accionistas de la entidad en la junta general. Entonces esbozará algunos puntos de su hoja de ruta, pero no será hasta finales del mes de mayo cuando complete su plan estratégico para los próximos años si es que aguanta en solitario. Saracho, de hecho, ha pedido los 100 días de gracia que se conceden a todo presidente o Gobierno para desarrollar su plan, explican fuentes financieras. En estos 100 días quiere tener más o menos atada una posible venta de Wizink, operación que le permitiría unos suculentos y nada despreciables ingresos (alrededor de 1.000 millones de euros), y sobre todo, fortalecer sus ajustadísimos ratios de capital. “Sería un importante balón de oxígeno para la salud de la entidad”, aseguran fuentes que conocen muy bien las tripas de este banco. Esta operación se uniría a los cambios del mapa bancario español ya comentados, como la venta de Deutsche Bank o la fusión de BMN con Bankia. Wizink tiene ficha bancaria, y su principal operativa es la operativa con tarjetas de crédito. El escollo es que Popular tiene el 49% de esta entidad.

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