Banca

S&P cree difícil que Popular amplíe capital de nuevo y le urge a aclarar ya sus planes

La agencia crediticia asume que la fusión Bankia-BMN podría desatar más operaciones

Foto de la sede de Standard & Poor's en Nueva York.
Foto de la sede de Standard & Poor's en Nueva York. Bloomberg

La banca española atraviesa una situación compleja pero ha mejorado en los últimos años, en buena medida gracias a la reducción de activos improductivos y a las provisiones realizadas para cubrir su cartera tóxica, consideran en la agencia de calificación crediticia Standard & Poor’s (S&P) donde advierten que la excepción es Banco Popular, la que consideran “la entidad más débil” del panorama financiero nacional.

Desde la firma de calificación de riesgos asumen que, ante la incertidumbre que rodea al banco, y después del margen dado para el relevo del presidente Ángel Ron, que tras las “claras tensiones entre accionistas” ha sido sustituido por el exvicepresidente global de JP Morgan, Emilio Saracho, la entidad debe hacer ya una “comunicación rápida” de sus planes de futuro.

Popular, exponen desde la agencia, “necesita un plan que reduzca de forma drástica los activos problemáticos” con los que carga, entre créditos morosos y activos inmobiliarios adjudicados, ya que pese a la ampliación de capital de 2.500 millones sellada la pasada primavera ha acabado consumiendo los nuevos recursos sin lograr elevar sus provisiones al nivel medio del sector del 50%, a la vez que ha arrojado unas pérdidas superiores a las esperadas, de 3.500 millones de euros, mientras su plan de rebajar en 15.000 millones su carga tóxica queda en suspenso, lo que supone un “problema de credibilidad”.

Los solución, exponen, sin embargo, en S&P difícilmente pasaría por otra ampliación de capital. “No se puede ir al mercado a pedir capital cada seis meses. A lo mejor sí que pueden encontrar el apoyo de los accionistas, pero no es habitual hacer una ampliación de capital después de haber completado una grande”, argumentó ayer, en un encuentro con prensa, la directora de instituciones financieras de la agencia, Elena Iparraguirre.

De momento, los analistas de la agencia han rebajado la perspectiva de Popular de positiva a estable a la espera de conocer los planes de Saracho. S&P califica a Popular con B+, cuatro escalones por debajo del bono basura, rating que podría cambiar si presenta un plan “ejecutable y que pueda atajar la debilidad financiera del banco”.

Hasta la fecha, la expectativa estaba puesta en el proyecto Sunrise, un vehículo que cargue con 6.000 millones de sus activos problemáticos, pero está por ver si descargaría a Popular del riesgo por lo que la nueva presidencia lo está revisando.

“El problema es que Popular tiene un volumen de activos improductivos muy grande. Si al resto les puede llevar dos años pasar de un 15% a un 11%, bajar del doble puede un periodo más prolongado”, ilustra Iparraguirre que aconseja al banco elevar su colchón de capital.

A falta de ver si Popular es capaz de reconducir su situación sin caer en manos de un tercero, en S&P asumen que la previsible fusión de las nacionalizadas Bankia y BMN puede ser el pistoletazo de salida para una ronda de fusiones entre entidades medianas.

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