¿Tiene sentido que un autónomo se internacionalice?

La internacionalización de un negocio requiere de un análisis detallado del mercado y de una mínima inversión que asegure la viabilidad del proyecto

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Una de las fórmulas más utilizadas por pymes y autónomos para expandir su negocio y experimentar un crecimiento notable es la búsqueda de nuevos mercados fuera de nuestras fronteras. Sin embargo, no todos los negocios están preparados para internacionalizarse o, en ocasiones, no resulta una opción viable. Hablamos con dos expertos en la materia que nos aclaran lo que deben saber los autónomos que quieran internacionalizarse.

Cristina Danon, socia consultora de International Team Consulting, explica que no siempre tiene sentido que un autónomo se internacionalice, ya que, por ejemplo, un taxista puede conseguir suficiente trabajo en su área de residencia y, por el tipo de servicio que presta, es más lógico que se centre en zonas próximas. Lo mismo ocurre con los bares y las cafeterías. Sin embargo, otros servicios como los que prestan arquitectos o ingenieros, puede ofrecerse a distancia en mercados donde exista una mayor demanda de profesionales cualificados.

Ser autónomo y lanzarse al mercado internacional

La experta recomienda que antes de empezar a exportar se analicen al detalle los mercados más propicios para el tipo de producto o servicio que se va a ofrecer y dedicar cierta inversión a poner en marcha el proceso de expansión. Respecto a los trámites necesarios para internacionalizarse, Danon acalara que, en principio, es suficiente con obtener un número de IVA intracomunitario en Hacienda y cumplimentar el modelo 036 solicitando el alta en el registro de operadores intracomunitarios (VIES).

Por su parte, Víctor Muñoz, Director General de Valtrading, opina que, en ocasiones, internacionalizarse es el mejor camino que puede seguir un autónomo, siempre y cuando disponga de un buen producto y de un proyecto profesionalizado. Muñoz recomienda rodearse de un buen equipo de profesionales y disponer de un presupuesto mínimo para construir la estructura necesaria que permita prestar el servicio adecuado a los clientes internacionales.

Según el experto, “no se trata de tener un buen producto a muy buen precio y nada más, sino que también hay que ser capaces de viajar, atender personalmente a los clientes en el extranjero, darles el servicio que requieran” y demostrar que se cuenta con la estructura suficiente para hacer frente a posibles problemas y a las adaptaciones de producto que en toda etapa inicial de internacionalización hay que vivir.

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