Tribuna

¿Por qué España no es referencia en innovación?

Elementos de nuestra cultura, como el bajo nivel de emprendimiento o el miedo a los riesgos, bloquean actitudes innovadoras

Aún recuerdo el olor tan intenso a tabaco que se respiraba en el estanco al que iba de joven, a finales de los ochenta, en un barrio muy popular de Madrid. Entraba para comprar sellos... en aquellos años las cartas se escribían en papel, se metían en sobres y luego se llevaban a un buzón, confiando que llegaran a su destino unos días después. Ya no queda ni rastro de aquello, salvo los estancos y algún buzón olvidado al que han respetado para que podamos contar historias a los niños.

A pesar de todos los cambios que hemos vivido en nuestro país, España se encuentra en tierra de nadie en términos de innovación. En el último Informe de competitividad del Foro Económico Mundial (Global Competitiveness Report 2015-2016) se situaba a España en el puesto 37 de esta categoría. De las 12 competencias a puntuar en nuestra economía, la que peor nota obtuvo fue precisamente esta, nuestra escasa capacidad para innovar.

Cuando trabajas en proyectos de innovación te das cuenta de que, de lejos, el elemento que tiene un mayor impacto es la cultura. La cultura es aquello que no se ve, lo que pasa flotando por el aire. Envueltos por esa invisibilidad existen elementos que actúan como aceleradores, pero también hay otros que actúan como barreras feroces que se enfrentan a cualquier tipo de cambio.

Tomemos como ejemplo la cultura que impera en China. En un excelente artículo de la Harvard Business Review titulado ¿Por qué China no puede innovar? (Abrami, Kirby y McFarlan, marzo de 2014) se afirma que la cultura china limita de forma extraordinaria su capacidad de innovación. Aspectos como el intervencionismo del Estado, la falta de cultura de emprendimiento, el predominio de las ingenierías sobre otras disciplinas y, por encima de todo, un sistema educativo que relega la creatividad a los últimos puestos de la jerarquía de las competencias hacen del país asiático un estado irrelevante en el terreno de la innovación. ¿Por delante o por detrás de España? Para el Foro Económico Mundial, los chinos están en el puesto 31, nos llevan la delantera en innovación, aunque muchos hacen chistes sobre su torpeza para crear productos nuevos.

"De las 12 competencias a puntuar en nuestra economía, la que peor nota obtuvo fue precisamente nuestra escasa capacidad para innovar"

¿Cómo se explica que seamos el 37 del mundo? ¿En serio estamos por detrás de China? Por mucho que este dato menoscabe nuestro amor propio, tenemos que reconocer que España no tiene una cultura enfocada a la innovación. “¡Que inventen ellos!”, dijo Unamuno hace 110 años. El escepticismo se mezcla con otros elementos de nuestra cultura que bloquean actitudes innovadoras: escaso nivel de emprendimiento, miedo a asumir riesgos, resistencia a cambiar de ciudad de residencia, condena social hacia el fracaso, modelo educativo trasnochado, etc.

A nivel corporativo, salvo algunas excepciones (¡benditos nuevos emprendedores que saltáis a la arena!), la cultura nacional actúa también como barrera de resistencia para la innovación. Un amigo que trabaja en un gran banco me decía que apenas confiaban en las órdenes que les llegaban del comité de dirección. Presionaban a las oficinas para que desviaran a los clientes a hacer toda la operativa a través de la página web. ¿Adivinan qué pasó? Es como si el Ministerio de Sanidad les ordenara a los dueños de los estancos que adviertan a sus clientes que fumar provoca cáncer. Muy parecido a calmar un picor de espalda con un látigo.

En el mencionado informe del Foro Económico Global, EE UU ocupa el puesto número cuatro del ranking de países enfocados hacia la innovación, por detrás de Suiza, Finlandia e Israel. Tomemos el siguiente ejemplo para entender las diferencias: si un español recibe una invitación de un desconocido a conectarse a través de Linkedin se preguntará: “¿Qué querrá de mí?”. Pero si le ocurre a un estadounidense pensará: “¿En qué podríamos colaborar?”.

En una ocasión, Richard Vaughan, el conocido emprendedor estadounidense que ha revolucionado la enseñanza del inglés en nuestro país, me dijo que la expresión que menos entendía de la cultura española era “más vale pájaro en mano que ciento volando”. “¿Por qué?”, se preguntó a sí mismo. Ante mi silencio, acabó sentenciando: “Un estadounidense nunca lo entendería”.

La buena noticia es que existe una fórmula para el cambio. La solución pasa por reconocer nuestra cultura, contrastarla con nuestros planes, detectar las barreras que impiden la innovación y dinamitarlas. A esto es a lo que llamamos hacer un mapa de cultura de una organización... y funciona.

Rafael Vivas es CEO de Visualizamos.

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