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PwC podría haber visto venir lo de los Óscar

Cuando todo el mundo se siente confiado, es cuando los errores inevitablemente suceden

La custodia de PwC en la gala de los Óscar Martha Ruiz (izquierda) habla con su compañero Brian Cullinan, en plena confusión final.
La custodia de PwC en la gala de los Óscar Martha Ruiz (izquierda) habla con su compañero Brian Cullinan, en plena confusión final.

Los errores ocurren. Lo que cuenta es lo que pasa después. La pifia de la gala de los Óscar, en la que se dio como ganadora a la película equivocada, puede dejar al socio auditor de la ceremonia con una sensación de déjà vu. Pricewaterhouse-Coopers erró en su trabajo de entregar los resultados de las votaciones a los presentadores, de modo que se dio como ganadora a La La Land, y hasta el tercer discurso de aceptación del premio no se dijo que era Moonlight.

El trabajo habitual de PwC, que incluye auditar compañías afectadas por escándalos como Tesco y BT, podría haber servido de advertencia. Entidades financieras que lidian con irregularidades pasadas, como Deutsche Bank y JP Morgan, también reconocerán el patrón. La mayoría de las situaciones embarazosas a nivel corporativo tienden a tener al menos tres protagonistas: la persona que comete el engaño o error, la que no se da cuenta, y la que lo nota pero no hace nada.

Se espera de los auditores que detecten números falsos, pero para hacerlo dependen del criterio humano, que puede fallar

Primero vino un error que era claramente de PwC. Entregó a los presentadores el sobre equivocado. Por sí solo, no tenía por qué convertirse en un fiasco. Sin embargo, el actor Warren Beatty, que vio el problema, no dijo nada, y dejó a su compañera en la presentación, Faye Dunaway, soltar el resultado equivocado. Los representantes de PwC entre bastidores seguramente lo supieron de inmediato, y los productores del programa debieron de enterarse rápidamente, pero pasaron minutos hasta que se paró el proceso.

PwC, que hace buena gala de proteger los maletines de la ceremonia, se disculpó después. No hubo daño real: es una historia de falibilidad más que de culpa. Se espera de los auditores que detecten números falsos, pero para hacerlo dependen del criterio humano, que puede fallar. Cuando todo el mundo se siente confiado en que nada puede salir mal, es cuando los errores inevitablemente suceden. Esa también es una lección para el sector de la auditoría.

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