Pequeños Gigantes

El vértigo de volar en un aparato de 250 gramos

Por 3.000 euros pueden montar un evento completo para empresas

El vértigo de volar en un aparato de 250 gramos

La pasión por los aparatos aéreos le viene de familia: su padre tenía una tienda de aeromodelismo. Israel Carbonero es el fundador de Bricodrone FPV, empresa dedicada a la organización de carreras y espectáculos de drones. Las siglas FPV significan first-person view: visión en primera persona, la que tienen los pilotos que manejan los drones por control remoto, gracias a las gafas conectadas a la cámara que hay a bordo del aparato, “como si llevaran un caza”.

La empresa cerró en diciembre un acuerdo con tres socios y la semana pasada se constituyó como sociedad limitada, seis años después de su creación. “Está tomando un carácter importante en volumen de negocio”, señala su creador. Emplean de forma habitual a nueve personas de forma directa y puede llegar a desplegar hasta 30 trabajadores en un evento.

“La idea básica del negocio ha sido una obsesión mía desde pequeño. En la tienda de mi padre siempre he visto competiciones, construir aviones. Vas adquiriendo conocimientos, formación específica, aprendiendo de la gente... Cuando cerramos la tienda, me vi fuera del mercado laboral por la edad”, confiesa Carbonero, quien ahora tiene 44 años.

Entonces creó Bricodrone.es, que, en principio, era una tienda de drones de carreras, pero por falta de medios económicos y ante la imposibilidad de ampliar inventario y capital, Carbonero decidió cerrar la tienda y dedicarse a la organización de eventos: montaje de redes de protección, sistemas eléctricos, carpas vip y de prensa, etc. La firma ya ha organizado competiciones europeas, auspiciadas por la European Rotor Sports Association.

Preparan programas para ayuntamientos o para empresas que quieran ofrecérselo a sus empleados como espectáculo, y como experiencia, pilotando los aparatos. “Es difícil dar una cifra del coste sin conocer el lugar y el diseño final, pero por 3.000 euros se puede hacer un montaje completo”, apunta Carbonero. “También hacemos muchos eventos gratuitos para promocionar el deporte”, añade. En la última feria Global Robot Expo, celebrada en Madrid, fueron los encargados de instalar la carpa de pruebas de los drones, donde también se celebraron carreras.

Asimismo, realizan la cobertura audiovisual de sus eventos, y de los de otros, mediante la productora Zingari Films, creada en colaboración con Adisar Media. Acaban de grabar un anuncio utilizando drones, “al estilo de la películaTron”. También están capacitados para cubrir otros deportes, tanto aéreos (espectáculos acrobáticos de aviones o competiciones de aeromodelismo y de cometas) como de superficie.

En ese aspecto, la regulación está en constante cambio. Hace un año se prohibieron los drones-cámara en las pruebas de esquí después de que uno cayera y estuviera a punto de dañar a un esquiador. “Estos aparatos requieren muchas medidas de seguridad y un mantenimiento constante. No vale de nada tener un dron de 30.000 euros si no lo cuidas”, explica el fundador de Bricodrone.

La AESA [Agencia Estatal de Seguridad Aérea] controla dónde se puede o no volar. Está totalmente prohibido volar en ciudad, por ejemplo”, aclara. También hay que hacer redes seguras alrededor de los circuitos, con distintas densidades y tramados para frenar al dron, por muy insistente que sea en querer salir.

Este año tienen previsto organizar un gran evento en julio. “Haremos especial hincapié en que el público disfrute la sensación de volar. Están entrando empresas importantes y esperamos que se produzca el repunte definitivo del sector”.

Pasión a 200 kilómetros por hora

IsraelCarbonero, fundador de Bricodrone FPV.
IsraelCarbonero, fundador de Bricodrone FPV.

La sensación al montarse en un dron con las gafas es de cierto vértigo, como una montaña rusa. Produce adicción a los pilotos, que pueden participar en dos especialidades distintas. Una de ellas es el free style, o estilo libre de vuelo, en el que realizan figuras acrobáticas con música de fondo que motive al piloto. Bricodrone posee tres estructuras para esta especialidad que alcanzan hasta 14 metros de altura.

La otra especialidad son las carreras propiamente dichas, en las que los drones salen en tandas de entre tres y nueve pilotos, con velocidades de 70 km/h mínimo, y pueden alcanzar hasta los 200 km/h.

Los drones pesan entre 250 y 500 gramos, con un equilibrio adecuado entre peso y potencia, “como un coche de Fórmula 1”. Los grandes avances en esta tecnología se deben, como en tantos otros casos, a la industria militar.

Los propios pilotos se construyen y se arreglan sus drones. “Es una afición que engloba electrónica, aeronáutica, construcción...”, explica el fundador, Israel Carbonero, que tiene un ciclo superior en electrónica y electricidad y que se considera “autodidacta” en cuanto al manejo y diseño de drones. Bricodrone sigue creando, de forma puntual, sus propios modelos, como elEvox 210, diseñado para la casa belga FlyXcopter.
Para pilotar uno de carreras no hace falta titulación, indica. Lo que sí es necesario es pasión. “Los pilotos son la base de este deporte”, afirma.

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