Editorial

La tensión electoral pasa factura a la UE

Europa ha empezado ya con un particular carrusel electoral que pasará por las urnas de Holanda, Francia y Alemania, pero que afectará a la economía de todos los europeos. El riesgo de que el partido xenófobo de Geert Wilders logre la gobernabilidad en Holanda en marzo y las opciones que tiene la ultraderechista Le Pen en Francia han comenzado a intranquilizar ya a los mercados financieros. La dificultad para que las fuerzas políticas de centro e izquierda en Francia encuentren un candidato con garantías de llegar al Elíseo en la primavera, especialmente tras el escándalo de corrupción y nepotismo que ha dejado malparado a François Fillon, está tensando ya los tipos de interés de los bonos franceses, y con ellos, los de los países periféricos más vulnerables, como Italia, con la estabilidad política cogida con alfileres, y como Grecia, que deberá renegociar las condiciones de su rescate.

La razón dice que, incluso pese al auge del populismo que ha echado raíz en Reino Unido y EE UU, los partidos tradicionales y europeístas se alzarán con la victoria en los grandes países de la zona euro. Pero tienen que reactivar después la construcción definitiva del proyecto europeo para que los niveles de respaldo a la integración no dejen resquicio a la duda de la continuidad del proyecto económico, social, político y de defensa.

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