Editorial

Un año de riesgos y oportunidades para la banca

La banca afronta un ejercicio plagado de incertidumbres que afectan tanto al negocio en Europa como en otros mercados

Un año de riesgos y oportunidades para la banca

El sector financiero español ha cerrado el ejercicio 2016 con la satisfacción de haber visto crecer determinadas líneas de beneficio atribuido a un ritmo casi olvidado en los últimos años, pero con la atención puesta en una coyuntura que sigue siendo escasamente favorable para el negocio bancario. La férrea política de tipos mantenida por el Banco Central Europeo (BCE) ha estrechado severamente los márgenes de la actividad puramente bancaria mientras que el negocio internacional se enfrenta este año a nuevas e importantes incertidumbres globales, como sucede con el recién estrenado mandato de Donald Trump o los efectos de un brexit de perfil duro. A todo ello hay que sumar que la actividad en España presenta también su propio catálogo de obstáculos e interrogantes. Por un lado, están los últimos pronunciamientos judiciales contra el sector, como es el de las cláusulas suelo, por otro, la perspectiva de una reforma de la ley hipotecaria cuyos efectos y contenido todavía están por conocer y calibrar.

Pese a ese horizonte incierto, los resultados del sector en España ofrecen un perfil global positivo, deslucido únicamente por las cifras del Popular, que han sido peores de lo esperado por los analistas. Sin tener en cuenta el mal año de la entidad, que ha tenido que realizar fuerte provisiones para sanear su pesado balance, los otros cinco mayores bancos españoles han cerrado 2016 con un incremento global del beneficio del 10%, cifra que se convierte en unas pérdidas del 20% si se incluye también al Popular. Santander, con un beneficio atribuido de 6.204 millones de euros (un 4% más) y BBVA, con 3.475 millones (un 31% más), encabezan el ranking de un sector que ha vivido otro ejercicio difícil, y lo ha hecho en un entorno cuyas características de negocio han cambiado sustancialmente desde el estallido de una crisis financiera que ha obligado a reorganizar, recapitalizar y sanear buena parte de la banca europea.

Aunque las previsiones apuntan a que la Reserva Federal de EE UU tiene por delante un calendario de subida de tipos que tarde o temprano será seguido por Europa, la política monetaria de Francfort pasa de momento por mantener en mínimos el precio del dinero, lo que complica una rápida recomposición de los márgenes del negocio de la banca. El crédito hipotecario, que supone cerca del 45% del total que se ofrece, continuará recortándose mientras las amortizaciones de los préstamos superen a la nueva concesión. La financiación empresarial seguirá centrada en las pymes, dado que las grandes compañías se están financiando en los mercados. También continuará creciendo el crédito al consumo, aunque de momento su peso en las carteras del ramo apenas ronda el 3%. La banca afronta un ejercicio complejo, en el que cargará con los efectos de la sentencia de Tribunal de Justicia de la UE sobre las cláusulas suelo, que ha obligado a las entidades a compensar sin límite temporal a los afectados. La decisión de Estrasburgo ha caído como un mazazo en el sector y ha obligado a la banca a realizar unas provisiones que en algunos casos habrá que aumentar en 2017. Junto a ese lastre, el ejercicio se inicia con los interrogantes de la reforma hipotecaria, que elevará la protección del consumidor y se teme que pueda complicar la concesión de los créditos.

Desde el pasado mes de septiembre, los vientos bursátiles han soplado a favor del sector financiero español. Las expectativas sobre un alza en los tipos de interés en Europa, reforzadas por la victoria de Donald Trump, han servido para impulsar a un sector que cotizaba con un fuerte descuento. A lo largo de este ejercicio, los valores del sector financiero deberán sin embargo aportar nuevas razones a los inversores para mantener las ganancias bursátiles. La banca afronta un año plagado de incertidumbres que afectan tanto al negocio en Europa como en otros mercados, pero en el que se beneficiará de las oportunidades de una economía en recuperación y deberá estar alerta a un mercado en cambio constante. El anuncio de que Trump desregularizará en parte el sistema bancario estadounidense puede endurecer severamente la competencia para una banca europea sujeta a una fuerte regulación. En este, como en otros terrenos, América mueve ficha y Europa espera.

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