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La guerra de la realidad virtual es un lastre real

Las empresas harían mejor centrándose en los productos que en batallar por las patentes

Una mujer, con un casco de Oculus Rift VR, el pasado diciembre en París.
Una mujer, con un casco de Oculus Rift VR, el pasado diciembre en París.

Las guerras de patentes de realidad virtual serán muy reales y las hostilidades ya han comenzado. La complejidad de esta tecnología, el tamaño potencial del mercado y la perspectiva de que el que gane se lo llevará todo son buenas razones para luchar, pero las empresas harían mejor centrándose en los productos.

Facebook gastó 2.800 millones de euros para comprar Oculus, y Mark Zuckerberg dijo que podría tener que invertir una cantidad similar durante 10 años de desarrollo antes de que la realidad virtual “llegara a donde todos queremos ir.” El mercado final será enorme: tal vez 150.000 millones en 2020, según la consultora IDC.

De la contienda por la propiedad intelectual de los smartphones, hace cinco años, salieron ganadores Android y Apple porque los usuarios prefirieron sus servicios

Oculus afirma que surgió cuando el genio solitario Palmer Luckey hizo el primer casco en el garaje de sus padres. La empresa ZeniMax postula una realidad alternativa en la que su propiedad intelectual –el director de tecnología de Oculus trabajó para ambas compañías durante un tiempo– es la base de Oculus. Pide 1.900 millones de euros en compensación y otros 1.900 millones por daños.

Es imposible decir quién ganará, pero una cosa está clara: la realidad virtual y aumentada requieren conocimientos complejos de los múltiples elementos de hardware y software que utiliza. Eso es un campo de minas en torno a la propiedad intelectual para Alphabet, Facebook o Microsoft. Habrá más personas y empresas que exigan una compensación por sus supuestas contribuciones.

Hace cinco años se produjo una guerra similar sobre las patentes de smartphones, pero tuvo un efecto mínimo en el mercado. Surgieron dos ganadores –Android, de Google, y Apple- porque los usuarios prefirieron sus sistemas operativos. Las demandas se diluyeron y los precios de las patentes cayeron. Dado el estado embrionario de la realidad virtual, Silicon Valley debería fijar su atención en el perfeccionamiento de la tecnología, en lugar de en los tribunales.

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