Editorial

Una eclosión que hay que alimentar

Las sombras que proyectan Washington y Londres no pueden ocultar el hecho de que España vive una auténtica primavera turística

Varias mujeres vestidas de falleras posan con un Piolín, ayer en Fitur.
Varias mujeres vestidas de falleras posan con un Piolín, ayer en Fitur.

La industria turística española vive un momento de expansión y crecimiento, con unas cifras que no cesan de batir récords y unas previsiones que anuncian que seguirán haciéndolo. La cita anual que tiene el sector en la multitudinaria feria de Fitur, que comenzó ayer, muestra el vigor y el fuerte ritmo con el que avanza un sector que en 2016 movió 241.464 millones de euros, lo que supone un 4,5 % más que en 2015. Pese a ello, el turismo encara este ejercicio, y también el próximo, bajo la sombra de dos grandes focos de incertidumbre. Por un lado, la salida de Reino Unido de la UE; por otro, la llegada de Donald Trump a la presidencia de EE UU. En cuanto al segundo de esos retos, la industria hotelera española ha recibido con preocupación los duros mensajes de Trump hacia México, país receptor de grandes remesas de viajeros estadounidenses y en el que empresas como Riu, Meliá, Barceló o Iberostar tienen importante presencia. Otro tanto ocurre con las relaciones con Cuba y el recién levantado embargo, cuyo futuro también está en duda, tras ciertas afirmaciones del nuevo presidente de EE UU durante la campaña. Entre los temores que tiene el sector figura la posibilidad de que Trump pueda crear una tasa para los viajes al extranjero de los estadounidenses, como una medida proteccionista que blinde el turismo del país.

El proceso de salida de Reino Unido de la UE preocupa también a los empresarios españoles ante el riesgo de una caída en la demanda de reservas por parte de los británicos. Se trata de un temor razonable, dado que Gran Bretaña no es un mercado más, sino el primer país emisor de viajeros a España, con un 12,3% más que el año pasado. Aunque de momento los hoteleros no han notado un descenso en la demanda, las dudas persisten, más aún si se tiene en cuenta que el proceso de abandono de Reino Unido de la UE todavía no se ha puesto en marcha y que, a día de hoy, los efectos del brexit en este y otros ámbitos constituyen un enigma. Al tiempo, también brotan oportunidades, como las que brinda la devaluación de la libra frente al dólar y el euro.

Las sombras que proyectan Washington y Londres no pueden ocultar el hecho de que España vive una auténtica primavera turística, alimentada en buena parte de la pérdida de atractivo que han sufrido los destinos del norte de África y Oriente Medio por los conflictos políticos y el terrorismo. Este último factor, de naturaleza coyuntural, está ejerciendo de motor en una industria que debería aprovechar para acometer la remodelación y reformas que tiene pendientes con el fin de crecer en calidad y oferta y prepararse para el futuro.

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