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Las farmacéuticas se habían confiado

Las amenazas de Trump, como la de romper acuerdos comerciales, no deben tomarse a la ligera

Donald Trump, el miércoles en la Torre que lleva su nombre.
Donald Trump, el miércoles en la Torre que lleva su nombre.

Las farmacéuticas están pagando su exceso de confianza con Donald Trump. El presidente electo acusó el miércoles a la industria de “salir impune de asesinatos” por los precios de los medicamentos. Los inversores habían menospreciado su promesa de renegociar los costes, que consideraban retórica electoral compensada por los recortes de impuestos. El índice Nasdaq Biotech había subido un 8% desde las elecciones, un ascenso similar al del S & P 500, pero la caída de casi el 3% provocada ahora les obliga a replanteárselo.

Los comentarios iniciales de Trump fueron hiperbólicos y escasos en detalles importantes. Acusó a las empresas de no fabricar sus productos en EE UU: es cierto que varias han utilizado las fusiones y adquisiciones para trasladarse a jurisdicciones con baja fiscalidad como Irlanda, pero la mayoría de sedes y directivos se han quedado en el país. Y la fabricación de píldoras se ha ido al extranjero, pero es una parte muy pequeña y básica del proceso. El valor real del negocio –el descubrimiento y comercialización de fármacos– sigue estando en EE UU.

Según algunos economistas, el gasto de EE UU en fármacos se podría recortar en unos 19.000 millones de euros, algo más del 5% del total

La amenaza real está en la renovada promesa de negociar un nuevo sistema de subastas. El programa de seguridad social Medicare gasta unos 70.000 millones de euros al año en medicamentos, y subiendo. El Gobierno tiene prohibido por ley usar su tamaño para negociar precios más bajos.

Tal vez, según algunos economistas, se podrían recortar unos 19.000 millones, algo más del 5% del gasto total del país en fármacos; mucho menos que los absurdos 280.000 millones de los que habló Trump en la campaña. Esos ahorros aumentarían a medida que la población envejece, y dado el alto apalancamiento operativo de la industria, afectarían duramente a los beneficios futuros. Las empresas son un objetivo fácil para Trump, por los altos precios de los fármacos. Más del 80% de los estadounidenses están a favor de controlarlos.

Los inversores se habían vuelto complacientes con un Gobierno aparentemente proempresa. El rapapolvo es un recordatorio oportuno de que las amenazas populistas de Trump –incluida su promesa de romper los acuerdos comerciales– no deben desestimarse a la ligera.

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